A las puertas del inicio del Mundial 2026, las salas de cine recibieron el lanzamiento de una pieza cinematográfica fundamental para la memoria futbolística argentina. Basada en la célebre investigación del periodista Andrés Burgo, la película disecciona cada minuto del histórico choque contra Inglaterra. Desde el enojo eterno del arquero Peter Shilton hasta la increíble historia de las camisetas «truchas» compradas a un dólar, el film expone el trasfondo político de Malvinas y desmitifica el origen de la frase más famosa de Diego Maradona.
La cuenta regresiva para la Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá encendió las pantallas grandes de nuestro país con una fuerte inyección de nostalgia y épica deportiva. El largometraje documental El Partido llegó a las salas para reconstruir, con material inédito y testimonios cruzados a ambos lados del Atlántico, las 24 horas previas y los 90 minutos del enfrentamiento más icónico, político y trascendental en la historia de los mundiales: el Argentina-Inglaterra de México 1986.
La obra audiovisual se cimenta sobre la rigurosa crónica periodística homónima escrita por Andrés Burgo. En un mano a mano con la señal Infobae en Vivo Al Mediodía, el autor confesó el asombro que le genera ver sus páginas transformadas en lenguaje cinematográfico: «El paso del libro al cine es muy raro. Ya es raro escribir y publicar un libro. Conseguir esta película es una hazaña del equipo de realización; pasa una vez en la vida, como mucho».
Burgo reveló además que el proyecto no nació con el foco exclusivo en ese encuentro, sino que planeaba abarcar la totalidad de la campaña de la Selección de Carlos Bilardo. Sin embargo, bajo el ojo clínico y la edición de la prestigiosa cronista Leila Guerriero —quien le exigió un texto que «le explicara el partido a alguien que no sabe ni le gusta el fútbol»—, el escritor aplicó una tesis del autor español Javier Cercas y decidió recortar la historia para concentrarse de lleno en un único «instante eterno»: los cuartos de final en el Estadio Azteca.
El enojo inoxidable de Peter Shilton y las camisetas de un dólar
El documental pone frente a la cámara a los protagonistas de aquella batalla y arroja una luz sumamente llamativa sobre la percepción actual de los futbolistas británicos. Burgo detalló que, lejos del rencor, la enorme mayoría de los jugadores ingleses recuerda la experiencia como un hito positivo en sus vidas y se sienten «bendecidos» por haber estado en la cancha el día que Diego Armando Maradona firmó la obra de arte más grande del fútbol moderno.
Sin embargo, el largometraje expone el contrapunto necesario para alimentar la tensión narrativa:
“El arquero Peter Shilton sigue enojado todavía”, describió Burgo entre risas, marcando la rigidez del guardameta inglés frente a un error arbitral que califica como «un error clamoroso». A pesar de Shilton, el autor destaca que el resto de sus compañeros «metabolizaron muy bien la derrota» y continuaron jugando con hidalguía.
Uno de los capítulos más desopilantes y minuciosos del film gira en torno a la mítica camiseta azul con la que Maradona inmortalizó sus dos goles. La delegación argentina llegó a la instancia de cuartos de final sin indumentaria alternativa apta para la competencia. Tras el partido contra Uruguay, Carlos Bilardo se enfureció al pesar las casacas azules oficiales de la marca de las tres tiras: eran de una tela de algodón sumamente pesada, inviable para jugar al mediodía bajo el sol asfixiante y la altura de la Ciudad de México. El «Narigón» llegó al extremo de romper las prendas frente a los utileros para exigir un tejido calado y respirable.
Apenas 48 horas antes del partido, un utilero y un empleado administrativo de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) salieron a recorrer de urgencia las tiendas de deportes de la capital mexicana. Terminaron comprando de apuro remeras genéricas de la misma marca por el valor de un dólar la unidad. La noche previa al partido, se estamparon a contrarreloj unos números de color plateado brillante (utilizados habitualmente en el fútbol americano) y se cocieron escudos de la AFA que no eran los oficiales.
Esa camiseta «trucha» e improvisada se convirtió, paradojas de la historia, en la prenda deportiva más cara de todos los tiempos al ser subastada en 2022 por 10 millones de dólares a un jeque de Catar. Burgo recordó que mientras Dalma Maradona atesora la camiseta que su padre usó en el primer tiempo, el mediocampista inglés Steve Hodge conservó la del complemento, tomando real dimensión de su valor económico décadas más tarde al ver una subasta por televisión.

Malvinas y la orden de Bilardo: «No hablen de política»
El contexto del partido era de una densidad dramática insostenible, desarrollándose apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas. El documental recupera la inmensa presión política que cercaba a ambos planteles: los excombatientes argentinos enviaban telegramas directos a la concentración del América, mientras que en el Reino Unido, la primera ministra Margaret Thatcher mantenía reuniones con el DT Bobby Robson y enviaba a su ministro de Deportes a México para blindar psicológicamente a sus futbolistas.
En los despachos del Congreso de la Nación Argentina el clima no era menor: un grupo de diputados exigía formalmente que la Selección se retirara del Mundial y regresara al país como protesta, mientras que otros sectores sugerían la obligatoriedad de saltar al campo de juego portando una bandera con las islas grabadas. En las tribunas, la violencia civil se cobró su parte con batallas campales continuas entre las facciones de la barra brava argentina y los hooligans británicos.
Frente a esa caldera, el ala técnica de la Selección buscó aislar el vestuario. Carlos Bilardo fue tajante con sus dirigidos e impuso una ley marcial: «No hablen de las Malvinas». El propio Diego Maradona se alineó a la estrategia ante los micrófonos internacionales de la época repitiendo una frase que el documental resalta: «Yo no hablo de política, esto es un partido de fútbol».

La teoría sobre la «Mano de Dios»
Para finalizar, Andrés Burgo expone en la película una teoría sumamente interesante sobre la construcción del mito popular y el nacimiento de la frase más famosa del deporte argentino. El escritor arroja un dato fáctico que suele pasar desapercibido en el saber colectivo: no existen registros cinematográficos ni grabaciones de audio de Maradona pronunciando la frase «La Mano de Dios» en los vestuarios del Azteca inmediatamente después del partido.
Debido a las limitaciones tecnológicas de 1986 y a la imposibilidad de ver repeticiones instantáneas, Diego sostuvo en sus primeros contactos con los cronistas de campo que el gol había sido lícito y de cabeza. Fue recién ante la insistencia de los periodistas —particularmente tras un comentario del redactor de la agencia UPI, Héctor Ferrero, quien le deslizó que las imágenes congeladas evidenciaban un puño— que Maradona, acorralado y con una sonrisa pícara, improvisó la célebre salida elíptica: «Bueno, habrá sido la mano de Dios». Una frase que, tal como demuestra este documental, nació como una gambeta verbal y terminó cincelada en el mármol de la historia.








