El máximo referente de la historia del skate se confesó en una íntima entrevista con la revista Vanity Fair. A corazón abierto, repasó cómo la terquedad y la autoexigencia lo mantienen arriba de la tabla a pesar de los dolores físicos, justificó su extravagante rampa de un millón de dólares y dejó una cuota de su clásico humor ácido: «Perdí mis cejas en el fondo de un bowl».
A sus 58 años, Tony Hawk sigue siendo sinónimo de skate, pero también de una batalla silenciosa contra el implacable paso del tiempo. En una reveladora charla con la revista Vanity Fair, la leyenda de los deportes extremos desnudó los impulsos, las frustraciones y la obsesión que todavía lo empujan a desafiar la gravedad, admitiendo que la línea entre la perseverancia y la obstinación es cada vez más delgada.
Entre anécdotas, reflexiones sobre la vejez y bromas sobre su propia fisonomía, el patinador estadounidense dejó en claro que la pasión no se jubila, aunque el cuerpo empiece a pasar facturas costosas.

La terquedad como el motor para ganarle a la edad
El eje central de las confesiones de Hawk giró en torno a la autoexigencia y a un rasgo de su personalidad que terminó definiendo su carrera: la obstinación. “Mi terquedad es mi mayor defecto, pero logré canalizarla principalmente hacia el skate”, reconoció sin tapujos ante el medio internacional.
Esa misma tozudez es la que hoy funciona como un arma de doble filo al momento de calzarse las rodilleras y subirse a la tabla:
“Todavía creo de verdad que puedo patinar como lo hacía hace 20 años. Esa terquedad, más que una debilidad, terminó fortaleciendo mi carrera y me ayudó a superar fracturas y dificultades que habrían retirado a cualquiera”.
Sin embargo, el «Birdman» asume el paso de los años con una fuerte dosis de realismo y humor negro respecto a las secuelas físicas de sus históricas caídas. “Perdí mis cejas tras varias heridas y puntos en la cara. Si alguien las encuentra tiradas en el fondo de un bowl de skate, agradecería mucho que me las devuelva”, ironizó.
Al ser consultado sobre qué le frustra hoy en día, no dudó en señalar las lesiones que sufre por intentar trucos simples y admitió que su mayor aspiración para el futuro inmediato es, sencillamente, «lograr envejecer sin dolor».

Una rampa de USD 1 millón y las verdaderas prioridades
A lo largo de la entrevista, Hawk repasó sus grandes logros materiales, pero fue tajante al poner los pies sobre la tierra. Al hablar de su posesión más extravagante y costosa, no titubeó: “Mi rampa de un millón de dólares. Valió cada maldito centavo”. Para el skater, esa monumental estructura privada no representa un lujo vacío, sino el laboratorio definitivo para desatar su creatividad y ponerse a prueba lejos de las cámaras.
De todas formas, aclaró que por encima de cualquier parque de skate o fortuna, sus prioridades cambiaron drásticamente con la madurez:
- La salud ante todo: Colocó el bienestar físico y los pequeños placeres cotidianos (como su paladar) en la cúspide de sus éxitos.
- El refugio familiar: Destacó que su mayor cable a tierra es su esposa Catherine, sus hijos, sus nietos y su perra Lola, afirmando que sus viajes más perfectos ya no son a torneos masivos, sino los momentos compartidos con ellos en el jardín de su casa.

Calma en el caos y el sueño de reencarnar
Para Tony Hawk, el concepto de felicidad mutó con los años y hoy se resume en una frase que aplica tanto a la vorágine de un truco en el aire como a la vida misma: “Encontrar satisfacción en medio del caos”. Fiel a su estilo descontracturado, se burló del cliché de quienes dicen estar ‘viviendo el sueño’, asegurando entre risas que esa frase idealizada en realidad «implica dormir muy pocas horas por noche».
Hacia el final, el hombre que popularizó el skate a nivel global dejó una última humorada al ser consultado sobre una hipotética reencarnación: aseguró que le encantaría regresar a la vida bajo la forma de un ave de presa. “Sería lo más justo y coherente, considerando que tuve que compartir el mismo nombre de pájaro (Hawk significa halcón en inglés) durante toda mi vida”, concluyó.








