El rubro de la organización de eventos experimenta una fuerte transformación en la provincia. La tradicional cena y baile de egresados dejó de ser el único foco de inversión para las familias sanjuaninas, cediendo protagonismo a megaproducciones que incluyen alquiler de salones, coreógrafos profesionales, efectos visuales premium y servicios audiovisuales de estética cinematográfica.
La ingeniería económica del combo estudiantil
El cierre de los ciclos educativos se consolidó como una de las industrias más dinámicas del mercado local, movilizando sumas millonarias a través de paquetes integrales que buscan cubrir las altas exigencias estéticas y logísticas de los adolescentes. Las firmas más solicitadas de la plaza sanjuanina, entre las que destacan Vázquez, París y Moa, estructuran ofertas que amalgaman tanto la presentación de la indumentaria como la fiesta de gala de fin de año.
De acuerdo a precisiones del organizador de eventos Esteban Vázquez, el valor base del paquete unificado por alumno ronda actualmente los $160.000. Al trazar un esquema estimativo sobre un aula promedio compuesta por 20 estudiantes, la recaudación por curso alcanza los $3.200.000.
Las variaciones operativas y de costos de este mercado se dividen según el nivel educativo:
- Egresados de Secundaria: Centralizan el volumen fuerte del negocio. Contratan un esquema que provee sonido de alta fidelidad, iluminación robótica, presentador o animador, fotografía, video y efectos visuales de pirotecnia o fuegos artificiales. Para blindar el valor de los contratos frente al contexto inflacionario de la economía, las empresas formales aplican esquemas de actualización de cuotas con tasas que oscilan entre un 3% y un 4% mensual.
- Egresados de Primaria: Configuran una tendencia incipiente pero de difícil concreción para las agencias, registrándose un promedio de apenas una o dos realizaciones anuales por empresa debido a la falta de consenso entre las comisiones de padres. Para este segmento, se eligen formatos alternativos en campings o complejos recreativos con actividades dirigidas por profesores de educación física y catering básico, con un costo estimado de $50.000 por niño.
Producción a todo o nada: coreógrafos y la estética del videoclip
La presentación de camperas mutó de ser un acto colegial sencillo a convertirse en una performance artística de corte profesional. Ante la falta de infraestructura o las estrictas restricciones de espacio físico en los establecimientos escolares de San Juan, los grupos de estudiantes optan por costear de forma particular el alquiler de clubes o salones de eventos para montar el espectáculo.
La preparación de estas puestas en escena dinamiza un circuito de empleo informal que corre por carriles independientes a las empresas organizadoras de eventos:
El rol de los coreógrafos: Las agrupaciones estudiantiles contratan preparadores de danza desde el mes de marzo para diseñar y ensayar las rutinas de baile y las pasarelas de presentación. Los honorarios de estos profesionales de la danza varían de acuerdo a su cotización en el mercado, fijando aranceles que van desde los $10.000 hasta los $16.000 por alumno por hora de ensayo, un monto que los jóvenes absorben por fuera del contrato principal de la fiesta.
La estética visual de la jornada se complementa con la utilización de disfraces temáticos y cotillón personalizado. Para el cierre de la jornada, algunas firmas del sector como la empresa Paris incorporan en sus opciones la provisión de un ágape o servicio de catering rápido —compuesto por empanadas, sándwiches y variedad de gaseosas— para los alumnos e invitados tras la finalización de la performance.
El límite de la legalidad: la postura corporativa frente a los «afters»
El crecimiento de este nicho de mercado también encendió luces de alerta en el ámbito institucional y comercial, forzando a las empresas formalmente constituidas a trazar una línea divisoria tajante respecto a las actividades periféricas de los estudiantes para proteger su responsabilidad civil y comercial.
Por un lado, el comportamiento de las divisiones en celebraciones tradicionales como el denominado UPD (Último Primer Día) motivó a que numerosas autoridades directivas de colegios sanjuaninos prohíban la realización de festejos dentro de los edificios o restrinjan de forma drástica el ingreso de proveedores externos de servicios, tales como disc-jockeys, fotógrafos o realizadores de video.
Por el otro, las agencias de eventos evitan involucrarse en la organización de los denominados «afters» (fiestas post-presentación en fincas o propiedades rurales). Los empresarios de la noche ratificaron de forma unánime que no prestan soporte logístico ni comercial para estas fiestas secundarias por considerarlas «técnicamente ilegales», al carecer de las habilitaciones correspondientes para espectáculos públicos. En consecuencia, las agencias formales concentran su modelo de negocios de forma exclusiva en las fiestas de carácter familiar y dejan la organización de cualquier evento adicional bajo la exclusiva responsabilidad civil del grupo de alumnos o sus tutores.







