A 206 años del paso a la inmortalidad del prócer, la fecha invita a reflexionar sobre los ideales de unidad, educación y desarrollo económico que guiaron su vida civil y militar. Como cada año, Rosario se consolida como el epicentro de los homenajes.
Cada 20 de junio, la República Argentina conmemora el Día de la Bandera, una de las jornadas más solemnes del calendario civil nacional. A diferencia de otras efemérides que recuerdan hitos fundacionales o victorias militares, esta fecha fue instituida específicamente para honrar la memoria y el paso a la inmortalidad del general Manuel Belgrano, acaecido en el año 1820. La elección de este día, establecida por ley en 1938 bajo la presidencia de Roberto M. Ortiz, trasciende la mera catalogación de feriado para constituirse en un espacio de profunda reflexión institucional y comunitaria.
La génesis del símbolo patrio se remonta a las postrimerías del proceso emancipador. En febrero de 1812, en plena campaña del Ejército del Norte y ante la urgente necesidad de distinguir a las tropas revolucionarias de las fuerzas realistas, Belgrano dispuso la creación de una escarapela y, posteriormente, de una enseña propia. Inspirado en los colores albicelestes que ya identificaban al sector criollo, el pabellón fue izado por primera vez el 27 de febrero de aquel año a orillas del río Paraná, en la actual ciudad de Rosario, frente a las baterías denominadas «Libertad» e «Independencia». Aunque el Primer Triunvirato desaprobó inicialmente su uso por razones de prudencia diplomática, la bandera fue ratificada formalmente años después por el Congreso de Tucumán y consolidada en 1818 con la inclusión del Sol de Mayo en su centro.
No obstante, la figura de Manuel Belgrano excede significativamente su rol como creador de la enseña nacional. Intelectual de vanguardia, abogado, economista y diplomático, Belgrano demostró una versatilidad extraordinaria al asumir la conducción militar de un ejército en formación sin poseer una formación castrense previa. Sus ideas políticas y económicas, fuertemente influenciadas por la fisiocracia y el pensamiento europeo ilustrado, lo llevaron a ser uno de los principales impulsores de la educación pública, la industria local y la diversificación agrícola como pilares fundamentales para la autonomía de un estado soberano. La donación de sus premios en metálico para la fundación de escuelas públicas constituye un testimonio ineludible de su desinterés personal y compromiso social.

En la actualidad, la ciudad santafesina de Rosario se reafirma como el epicentro histórico y protocolar de las celebraciones. En torno al Monumento Nacional a la Bandera, erigido en el sitio exacto del histórico izamiento de 1812 e inaugurado formalmente en 1957, se congregan autoridades de los distintos estamentos gubernamentales, fuerzas vivas y miles de estudiantes provenientes de diversas regiones para realizar la tradicional promesa de lealtad al pabellón. Este acto protocolar, replicado en establecimientos educativos de todo el territorio nacional, simboliza el relevo generacional en la custodia de los valores republicanos.
A más de dos siglos de su fallecimiento en condiciones de extrema austeridad, el legado de Manuel Belgrano se mantiene vigente como una brújula ética para la ciudadanía. La conmemoración de esta fecha patria se presenta como una oportunidad para reafirmar los ideales de libertad, equidad y cohesión social, elementos indispensables para el fortalecimiento democrático y el desarrollo sostenido del país.







