Tres uniformados de la fuerza sanjuanina increparon a un trapito del centro en un despliegue de energía prácticamente innecesario. ¿Hace lo mismo con el delito real?
Hay imágenes que, aun sin conocer todos los detalles del expediente, generan preguntas inevitables. La que se vio este martes por la mañana frente a los estudios de Radio Colón es una de ellas.
Tres efectivos de la Policía de San Juan rodearon a Leonel Figueroa, un hombre conocido en el microcentro sanjuanino por hacer changas, cuidar motos, barrer veredas y ganarse el día como puede. Es el hijo del lustrabotas de la esquina de General Acha y Mitre, que ocupa ese lugar desde hace años. Es un personaje conocido por comerciantes, periodistas y vecinos que transitan diariamente por el corazón de la ciudad.
La imagen, capturada a plena luz del día, provocó comentarios inmediatos. No tanto por la intervención policial en sí misma, cuyos motivos completos seguramente formarán parte de las explicaciones oficiales que correspondan, sino por la dimensión del operativo.
La foto disparó una pregunta incómoda para todos. ¿La Policía de San Juan está concentrando sus esfuerzos donde realmente están los problemas de seguridad? Es una pregunta legítima.

Mientras los sanjuaninos conviven con robos, arrebatos, entraderas, hechos violentos y una permanente sensación de inseguridad, la postal de tres uniformados ocupados en reducir o controlar a un changarín genera inevitablemente una comparación. Muchos vecinos tienen la sensación de que cuando se trata de perseguir a un delincuente que acaba de robar un celular, identificar a quienes acumulan antecedentes por hechos contra la propiedad o capturar a autores de delitos graves, la respuesta estatal no siempre exhibe la misma velocidad ni la misma contundencia.
Sin embargo, cuando el protagonista es un trabajador informal, un cuidacoches o alguien que ocupa el escalón más bajo de la economía urbana, la presencia policial parece multiplicarse.
Tal vez sea una percepción injusta. Tal vez detrás de la escena existan razones operativas que la fotografía no muestra. Pero las instituciones también son responsables de los mensajes que transmiten. Y la imagen de este martes comunica algo que la Policía debería analizar con atención.
La foto comunica que la fuerza policial está ejerciendo autoridad sobre alguien que difícilmente represente una amenaza seria para la seguridad pública. Porque una política de seguridad se evalúa menos por su capacidad para controlar a los débiles que por su eficacia para enfrentar a los peligrosos.
Nadie discute que la ley debe cumplirse. Es como dice el Presidente y antes otros dirigentes: «Dentro de la ley todo, fuera de la ley, nada».
En ese sentido, nadie sostiene que determinadas conductas deban quedar fuera del control policial. Pero existe una diferencia enorme entre hacer cumplir una norma y convertir ese cumplimiento en una demostración de fuerza desproporcionada.
La ciudadanía espera otra cosa. Espera ver esa misma energía cuando se investiga a bandas que roban, cuando se busca a violentos reincidentes, cuando se combate el narcotráfico en los barrios o cuando se persigue a quienes hacen de la delincuencia una forma de vida diaria.Es ahí cuando los recursos policiales adquieren verdadero sentido.
La discusión no pasa por Leonel Figueroa. Pasa por lo que simboliza. Deja la sensación de que, mientras los grandes problemas de seguridad siguen esperando respuestas, parte del aparato estatal parece demasiado ocupado en la chiquita.
La Policía de San Juan seguramente tiene desafíos mucho más importantes que demostrar autoridad sobre un changarín del centro. La foto de este martes volvió a poner esa discusión sobre la mesa.








