La recategorización del Monotributo, que tiene como plazo límite el 5 de agosto, es uno de los trámites más importantes para los trabajadores independientes. Más allá del ajuste en la cuota mensual ante ARCA, este procedimiento impacta directamente en el bolsillo de las familias, ya que la categoría en la que queda inscripto el contribuyente determina el monto de las asignaciones familiares (SUAF) que paga ANSES.
En un contexto de alta inflación, muchos monotributistas deben subir de escala al actualizar su facturación, aunque esto no signifique una mejora real en su poder adquisitivo. Al cambiar de categoría, ANSES ajusta automáticamente el monto del beneficio a cobrar, lo que en muchos casos se traduce en una reducción significativa o incluso en la pérdida total de la asignación por hijo.
La diferencia es notable: tras el aumento por movilidad de julio, el cobro por hijo varía desde los $74.033 para la Categoría A hasta apenas $15.585 para las categorías D a G. Es importante destacar que, a partir de la Categoría H, las familias dejan de percibir el beneficio. Este salto es especialmente sensible para quienes deben subir de categoría: pasar de la A a la B implica una reducción del beneficio superior al 32%, mientras que pasar de la C a la D conlleva un recorte cercano al 48%.

Por ello, los especialistas recomiendan que, antes de confirmar el trámite, los contribuyentes analicen cuidadosamente su facturación de los últimos 12 meses y evalúen el impacto real en su ingreso familiar. Este análisis es fundamental, ya que si la familia cuenta con dos o más hijos, la disminución del beneficio se multiplica por cada menor, afectando considerablemente la economía del hogar.








