El pasado sábado 20 de junio, en una nueva emisión de Ayer y Hoy por la pantalla y los micrófonos de Radio Colón, nos visitó Pablo Tissera. Hay entrevistas que cumplen con la rutina informativa y otras, en cambio, que se transforman en una pausa necesaria; en un espejo donde mirarnos como sanjuanino.
Las charlas de Ayer y Hoy pertenecen, sin dudas, al segundo grupo
Hay algo movilizador en imaginar a un chico de apenas 15 años aprendiendo los vericuetos de levantar una finca en abandono, asumiendo el legado de su abuelo y entendiendo, casi por instinto, o por edad, que el futuro de nuestra tierra demandaba innovación. Cuando Pablo relataba cómo la implementación del riego por goteo salvó y transformó esa producción, no solo hablaba de técnica agrícola; hablaba de una visión que debemos tener como provincia, si queremos aprovechar al máximo las benevolencias de una provincia con escasez de agua.
Como entrevistador, lo que más me impactó de su relato no fue el éxito presente, sino la naturalidad con la que abraza los momentos difíciles. En un país como el nuestro, Tissera tuvo que ser un «todoterreno»: coordinó cuadrillas de cosecha, compró autos 0 km para ponerlos a trabajar de taxis y conoció las luces de la noche regenteando boliches. Y cuando las crisis golpearon con fuerza en forma de un grave accidente automovilístico o con el freno absoluto de la pandemia, su brújula no se descalibró. Su respuesta fue la misma que aprendió en el surco: levantarse y seguir sembrando.
Hoy, al frente de la representación de la marca alemana Deutz-Fahr, vuelve a demostrar que la creatividad comercial no tiene fronteras. Su idea de implementar un sistema de «delivery» de tractores, permitiendo que el productor pruebe la maquinaria pesada en su propio suelo antes de comprarla, es una lección de empatía empresarial. Conoce el paño, sabe lo que cuesta cada inversión en el campo y ofrece confianza antes que un contrato.
Hacia el final de la entrevista, nos dejó cinco máximas que bien podrían ser un manual de cabecera para cualquier emprendedor: la pasión como motor innegociable, la disciplina de reinvertir en el negocio antes que en el lujo personal, la formación constante, el valor estratégico del marketing y, por sobre todo, el movimiento constante.
Me quedo con su última reflexión, esa que siguió resonando en el estudio de Radio Colón una vez que los micrófonos se apagaron. Para Pablo Tissera, el trabajo diario no es una cruz ni una obligación pesada; es un juego apasionante, una forma de entender la vida. En tiempos donde abundan los discursos de desánimo, escuchar a un hacedor sanjuanino que disfruta del proceso nos recuerda que, a fin de cuentas, el secreto sigue estando en ponerle el cuerpo al futuro y nunca quedarse quieto.








