El mercado financiero terminó junio con una señal clara de cambio de tendencia, marcada por un dólar que acumuló un alza cercana al 5%. Este incremento pone fin a la estabilidad cambiaria que predominó en los meses previos y obliga a los inversores a evaluar cómo se comportará la divisa en la segunda mitad del año.
La escalada tiene explicaciones concretas, empezando por la estacionalidad del campo, ya que al finalizar el segundo trimestre se reduce el volumen de liquidación de divisas del sector exportador. A este factor se suma la demanda estacional de quienes realizan gastos en moneda extranjera, impulsada en esta ocasión por el consumo vinculado al Mundial de fútbol. La incertidumbre del mercado también se posa sobre el próximo vencimiento de deuda de 4.300 millones de dólares que enfrenta el Gobierno en julio, una cifra que mantiene a los actores económicos en estado de alerta.
Ante este panorama, el Banco Central ha optado por un perfil más prudente en sus intervenciones, reduciendo el ritmo de compras tras haber cumplido sus compromisos con el FMI. A pesar de la presión sobre el tipo de cambio, el dato alentador es que no se observa un traslado automático de esta suba a la inflación, que mantiene una clara tendencia descendente y se perfila cerca del 2% mensual.
El gran reto del equipo económico para los meses venideros será lograr un equilibrio que no ahogue la incipiente recuperación de la actividad ni el crédito, mientras se intenta proteger el nivel de reservas. Mientras tanto, este giro en el mercado ha provocado que el «carry trade» sufriera su primera caída mensual en moneda dura, un cambio de escenario que obliga a los ahorristas a repensar sus posiciones ante un segundo semestre que se presenta, indudablemente, más complejo y desafiante.








