Un nuevo estudio internacional redujo su masa estimada a la mitad (2,3 veces la de la Tierra) y ajustó su año orbital a 21 días. Ubicado a solo 25 años luz, en la constelación de Camelopardalis, este mundo se consolida como una de las «supertierras» prioritarias para la búsqueda de agua líquida y biofirmas químicas.
Un nuevo análisis internacional publicado en The Astrophysical Journal ha modificado de forma drástica la interpretación física de GJ 3378b, un exoplaneta clave situado en nuestro vecindario solar a solo 25 años luz de distancia. De acuerdo con las mediciones de alta precisión obtenidas por el instrumento Buscador de Planetas en la Zona Habitable, el planeta posee una masa de apenas 2,3 veces la de la Tierra, en lugar de las 5 masas terrestres calculadas en 2024. Este reajuste matemático aumenta radicalmente las probabilidades de que se trate de un mundo rocoso y con superficie definida, alejando la hipótesis de que fuera un gigante gaseoso hostil.
Un año de 21 días en la zona de agua líquida

La investigación, coliderada por los astrónomos Paul Robertson (Universidad de California en Irvine) y Michael Endl (Universidad de Texas en Austin), también corrigió la dinámica orbital del planeta. El año de GJ 3378b —el tiempo que tarda en completar una vuelta completa alrededor de su estrella— se ajustó de 25 a 21 días.
A pesar de encontrarse en una órbita tan cercana en comparación con el sistema solar, el planeta se mantiene en una franja térmica segura debido a la naturaleza de su astro anfitrión: una enana roja. Estas estrellas son más pequeñas, frías y tenues que nuestro Sol, representando el 70% de la población estelar de la Vía Láctea. El lema del equipo científico se apoya en una premisa biológica elemental: “seguir el agua”, ya que es el componente indispensable para la vida tal como la conocemos. Al estar en la «zona habitable», GJ 3378b conserva las condiciones físicas ideales para albergar agua líquida en su superficie.
Tecnología infrarroja y el desafío de la radiación
Para detectar esta sutil señal a 25 años luz, los astrónomos utilizaron el telescopio Hobby-Eberly del Observatorio McDonald. Debido a que las enanas rojas emiten la mayor parte de su energía en longitudes de onda imperceptibles para el ojo humano, se acopló un espectrómetro optimizado para luz infrarroja. El instrumento midió el «efecto Doppler» o la leve oscilación gravitatoria que el planeta genera sobre su estrella al orbitarla.
A pesar del entusiasmo, los autores del estudio advierten que el caso científico sigue abierto y presenta un dilema astrofísico: las enanas rojas suelen registrar una intensa actividad de llamaradas. Al estar tan cerca de su sol, GJ 3378b podría haber estado expuesto a una radiación estelar extrema capaz de haber evaporado su atmósfera por completo.
La confirmación de su atmósfera y la eventual detección de biofirmas (gases de origen biológico) quedará en manos de la próxima generación de megatelescopios espaciales y terrestres, tales como el Telescopio Gigante de Magallanes (con un espejo de 24 metros de diámetro) y el Observatorio de Mundos Habitables, diseñados específicamente para responder si estamos solos en el universo.
Fuente: Infobae



