Desde Casa Rosada atribuyen la escalada de la divisa a «factores exógenos» globales. Sin embargo, en los pasillos oficiales admiten preocupación por la caída de la recaudación real y el aumento de la morosidad en los préstamos privados.
La reciente tendencia al alza en las cotizaciones del dólar —con el minorista alcanzando los $1.510 y un comportamiento en sintonía por parte del blue, el MEP y el contado con liquidación— encendió las alarmas en el mercado financiero, pero en la Casa Rosada buscan transmitir calma. Fuentes del Poder Ejecutivo aseguran que el movimiento no es determinante y responde, principalmente, al fortalecimiento global del dólar estadounidense frente a las monedas de mercados emergentes.
Para contener la presión cambiaria sin sacrificar reservas de forma directa, el Banco Central de la República Argentina (BCRA), liderado por Santiago Bausili, recurrió esta semana a estrategias alternativas. Entre ellas, se destacó la venta de contratos de dólar futuro —enfocados en el vencimiento de fines de julio— y la colocación de letras dollar-linked (títulos públicos que ajustan según el tipo de cambio oficial).

El frente social y político: morosidad y baja recaudación
A pesar de la lectura optimista sobre el frente cambiario, en los despachos oficiales reconocen que existen dos variables que miran con especial atención con vistas al año electoral: la recaudación tributaria y la tasa de mora en el sector privado.
El incremento de la irregularidad en el pago de créditos bancarios y no bancarios es un tema sensible. Un informe de la consultora 1816 detalló que el fenómeno golpea especialmente a los más jóvenes: 4 de cada 10 personas menores de 35 años con préstamos activos registran algún tipo de atraso o mora.
«La vuelta al crédito fue nuestro dinamizador al comienzo del mandato», confesó un secretario de Estado, admitiendo que recuperar esta vía de financiamiento es clave para reactivar el consumo de cara a las legislativas de 2027. No obstante, los analistas privados matizan la gravedad institucional del dato, señalando que, dado el ínfimo peso del crédito sobre el PBI argentino actual, esto no impedirá que la economía muestre signos de recuperación en los próximos doce meses.
Por otro lado, la recaudación también genera tensiones políticas. En junio, los giros a las provincias por coparticipación y leyes especiales sumaron $6,83 billones; aunque representó una suba nominal, al descontar la inflación significó una caída real del 5,6%. Esta merma debilita la posición oficial para impulsar un nuevo pacto fiscal federal y multiplica los reclamos de los gobernadores que desfilan por la Casa Rosada, a pesar del respaldo político que mostraron recientemente al asistir en masa a la jura de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete.
La apuesta a la desinflación
El encargado de unificar la postura del Ejecutivo frente a la opinión pública fue el vocero presidencial, Adrián Ravier. En sus recientes declaraciones, el portavoz ligó directamente la reactivación económica al éxito del plan antiinflacionario.
«Nosotros creemos que el crédito va a volver cuando le ganemos la batalla a la inflación. A medida que va bajando la tasa de inflación, bajan las tasas de interés, y cuando eso pasa, recuperamos actividad económica, inversiones y consumo», afirmó Ravier.
Desde el Gobierno se muestran optimistas con la inercia de los precios. Luego de registrar un 2,1% en la última medición oficial, el oficialismo anticipa que los indicadores de los próximos meses lograrán perforar la barrera del 2%, consolidando el rumbo macroeconómico que defiende el presidente Javier Milei.







