En un tablero provincial donde las certezas son pocas, el Frente Renovador, bajo la conducción de Franco Aranda, ha puesto en marcha un plan de reestructuración que busca trascender la crisis de representación que atraviesa el peronismo local. La estrategia no es casual: el espacio busca capitalizar el desgaste de las gestiones municipales justicialistas, aprovechando una tendencia en la que casi el 70% de los sanjuaninos demanda un recambio en sus gobiernos locales, a pesar de que el escenario general de la provincia se mantiene con una polarización compleja entre el oficialismo de Orrego y las figuras que comienzan a reactivarse en la oposición.
El armado, que combina perfiles «outsiders» con cuadros de experiencia política, responde a una necesidad de blindaje frente a la volatilidad nacional. La conducción del Frente Renovador es consciente de que, en un contexto de caída de imagen presidencial, los electores tienden a refugiarse en «memorias frescas» de gestiones pasadas o a buscar alternativas que no se identifiquen plenamente con los extremos de la grieta. Por esto, la táctica es clara: no buscan convertirse en una estructura rígida, sino en una plataforma flexible y pragmática que pueda absorber el voto de sectores independientes y de aquellos peronistas que hoy no se sienten contenidos por la conducción actual.
Esta apuesta por el despliegue territorial busca fortalecer el músculo del partido en los departamentos, clave ante la inminencia de una reforma electoral en la provincia que apunta a eliminar la Ley de Lemas o SIPAD. Con el foco puesto en que las internas sean partidarias y que la elección general gane en transparencia evitando la multiplicidad de candidatos por sector, el Frente Renovador busca posicionarse como una pieza decisiva en la futura arquitectura política. Al distanciarse de la fragmentación que hoy caracteriza a otras fuerzas, el equipo de Aranda apuesta a consolidar un bloque propio que pueda operar con autonomía, ya sea como fuerza de choque o como socio estratégico en una elección que, a día de hoy, se presenta como un final abierto para todos los actores provinciales.







