El megaproyecto cuprífero ubicado en Calingasta afronta condicionantes técnicos y de permisos que retrasarán el comienzo de su etapa de construcción y explotación. La definición del Informe de Impacto Ambiental y los acuerdos de infraestructura binacional marcan los tiempos de la inversión.
El avance hacia la puesta en marcha de El Pachón, uno de los yacimientos de cobre más relevantes de la cordillera sanjuanina y del país, deberá sortear dos factores determinantes antes de iniciar sus obras a gran escala. Pese a las expectativas generadas en torno a la inversión minera, los plazos de ejecución se extenderán a la espera de definiciones ambientales y logísticas clave.
El proyecto, operado por la multinacional Glencore en el departamento Calingasta, requiere completar etapas críticas de validación regulatoria y acuerdos de conectividad e infraestructura que resultan indispensables para garantizar su viabilidad técnica y operativa.
Los dos ejes que marcan los tiempos del proyecto
- Aprobación del Informe de Impacto Ambiental (IIA): El proceso de revisión técnica y evaluación por parte de la Comisión Interdisciplinaria de Evaluación Ambiental Minera (CIEAM) demanda plazos exhaustivos de análisis, observaciones y audiencias antes de emitir la Declaración de Impacto Ambiental (DIA).
- Infraestructura y logística binacional: La definición de las rutas de acceso, provisión energética y posibles salidas logísticas hacia puertos chilenos o del Atlántico exige acuerdos de conectividad y permisos transfronterizos que aún se encuentran en fase de articulación.
- Magnitud del yacimiento: El volumen de la inversión requerida y la escala de procesamiento proyectada obligan a consolidar un marco de estabilidad tributaria y cambiaria a largo plazo.
- Horizonte productivo: Una vez superadas las etapas de permisos y financiamiento, la construcción del campamento e instalaciones industriales demandará varios años de trabajo intensivo en la alta cordillera.








