Un insólito episodio delictivo que combinó oportunismo y torpeza terminó con una mujer sentada frente a los jueces de Flagrancia en los tribunales sanjuaninos. La maniobra comenzó cuando la acusada, identificada judicialmente como Marcela Ontiveros, aprovechó el descuido de una clienta en un comercio céntrico de telefonía móvil de la Capital y tomó una tarjeta de crédito olvidada en el lugar para adquirir de inmediato un teléfono de alta gama valuado en 600.000 pesos.
La ilusión de la estafa consumada duró apenas un día. A las 24 horas, Ontiveros regresó exactamente al mismo local comercial con la intención de colocarle un vidrio templado protector al equipo recién obtenido. Al ingresar al salón de ventas se topó cara a cara con una escena que desmoronó su coartada: la legítima titular del plástico se encontraba frente al mostrador reclamando a los empleados por el resumen de compra y la transacción desconocida. Al advertir la situación, la sospechosa arrojó el dispositivo sobre el mostrador y huyó a la carrera, pero la damnificada radicó la denuncia y las cámaras permitieron identificarla rápidamente.
En la audiencia de formalización, el fiscal Pablo Martín (UFI de Delitos Informáticos y Estafas) y la abogada defensora María Filomena Noriega acordaron una salida alternativa al litigio penal. El magistrado interviniente concedió a Ontiveros el beneficio de la suspensión de juicio a prueba (probation) por el término de un año, plazo durante el cual deberá acatar estrictas normas de conducta, realizar 30 horas de tareas comunitarias no remuneradas y abonar una reparación integral simbólica de $50.000 a la víctima.






