En medio de una creciente preocupación por los episodios de violencia física y verbal protagonizados por adolescentes en distintos ámbitos de San Juan, el Licenciado en Psicología Raúl Ontiveros, director del Centro Terapéutico Faro, analizó en Radio Colón las raíces de esta problemática que interpela a toda la sociedad. Con casos de agresiones entre estudiantes e incluso episodios trágicos que derivaron en fallecimientos, el profesional advirtió que la agresividad se está naturalizando como un modelo de conducta aprendido desde edades muy tempranas.
«La violencia en muchos chicos y chicas es un código de educación que maman desde muy chiquitos. Hace poco, en una cena barrial, escuché a una mamá maltratar a su hijo a los gritos durante horas, hasta que el nene de 5 años le dijo: ‘¡Basta, mamá, de gritarme!’. Esta generación de niños y adolescentes viene siendo cultivada en el desborde, el enojo y la impulsividad», reflexionó Ontiveros, y alertó que si a este contexto se le suman factores como el consumo de alcohol o sustancias psicoactivas, «tenemos un combo bastante peligroso».
Falta de sanciones y el rol de las instituciones
Para el especialista, uno de los factores que agravan la situación es la falta de límites claros y de sanciones proporcionales ante hechos de violencia escolar o social. Ontiveros cuestionó duramente la inacción del sistema: «A un chico que es objeto de bullying le dan millones de oportunidades por el Código de Convivencia, la víctima termina yéndose del colegio y el violento es premiado con seguir en la escuela. Y cuando ese chico llega a los 18 años, se encuentra con un juez que, si no le encuentra una vuelta con una probation, lo libera; algunos jueces liberan monstruos para que vuelvan a hacerlo», disparó con dureza.
«Por un lado tenemos una fábrica de situaciones violentas y por otro, no se sanciona lo que debe ser sancionado, ni en la escuela, ni en instancias menores, ni de grandes. El resultado es que el violento termina ganando», sentenció el psicólogo.
El reflejo en el deporte y la falta de empatía
Ontiveros también ilustró esta problemática con lo que ocurre en las actividades deportivas infantiles, espacios que deberían ser de contención y recreación. Recordó un episodio reciente durante un campeonato interinstitucional solidario, que debió suspenderse en su tercera edición por las actitudes agresivas de los propios padres.
«Era un campeonato terapéutico, solidario y de buena onda, pero los mensajes que se escuchaban de los padres alrededor de la cancha eran una locura: ‘¡Quebralo, quebralo!’, le gritaban a los chicos que ni siquiera estaban jugando una final del mundo. Era terrible. Esos comportamientos evidencian que los modelos de violencia entre padres y madres se trasladan directamente a los chicos», concluyó, llamando a la reflexión familiar sobre el uso de la palabra y el respeto como primera línea de prevención.








