Tal como habíamos adelantado en notas anteriores a través de las distintas plataformas de Radio Colón y Diario Colón, la grave situación que atraviesa el Centro Socioeducativo de Menores Nazario Benavídez sumó en las últimas horas un capítulo de extrema gravedad institucional. En diálogo exclusivo con este medio, María iménez, madre de un adolescente de 16 años alojado en el establecimiento cumpliendo una medida judicial de un año, rompió el silencio y brindó un estremecedor testimonio sobre el violento ataque en el que su hijo terminó apuñalado y con un pulmón perforado tras una riña que —según denunció— fue facilitada por el propio personal a cargo.
El episodio ocurrió el último jueves por la tarde, tras la conclusión de una actividad coordinada por una iglesia religiosa. Al momento del reingreso a los pabellones, se desató una discusión entre el joven y los celadores. En ese instante, otro menor —con frondoso prontuario y antecedentes de extrema violencia— comenzó a golpear las rejas para exigir salir al cruce.
«Si quieren pelear, pelean»: la inacción de la guardia y el ataque armado
El relato de María expone una gravísima falla en los deberes de cuidado y contención: «Los coordinadores los habían tratado mal, sobrepotentes, presionándolo: ‘Dale, metete para adentro’. Mi hijo le dijo a uno: ‘Pará, dejame que me arregle las zapatillas’, y lo empujaron. El agresor estaba del otro lado golpeando la reja, diciendo ‘dejame salir’. Le abrieron la puerta a él, después le abrieron a mi hijo y les dijeron: ‘Bueno, ¿quieren pelear? Peleen'».
La disputa a golpes de puño escaló de inmediato cuando el agresor extrajo una faca casera: «El chico saca una punta de un hierro, creo que del ocho, afilada, y ahí se la empieza a pegar, los puntazos. Dos en el pecho del lado izquierdo y uno de ellos es el que le perfora el pulmón».
«Gritaba que no podía respirar y no le creían»: cuatro horas desangrándose en la celda
Tras la agresión, el personal volvió a encerrar a ambos jóvenes en el perímetro sin asistirlos con primeros auxilios. La mujer detalló las dramáticas horas posteriores al ataque: «Mi hijo permaneció aproximadamente más de tres o cuatro horas porque se sentía mal, sentía un zumbido, exigía que lo saquen y no le pasaban piola. No le creían. Cuando vieron que la remera estaba sangrando, lo sacaron y se desmayó, se desvaneció y cayó al piso golpeándose la cara». Recién cerca de las 22 ingresó de urgencia al hospital, donde fue intervenido con tubos de drenaje para salvarle la vida.
A la familia recién le notificaron la situación a la mañana siguiente, minimizando los hechos: «Me llamaron el viernes a las diez de la mañana diciéndome que mi hijo estaba en el hospital por una pelea pero que estaba bien, pidiéndome si podía llevar el carnet de vacunas. Cuando llegué, la doctora me dijo que recibió tres puñaladas y que, gracias a Dios, por centímetros no lo matan».
Pánico a volver y el rechazo de la Justicia
Pese a que el joven continúa hospitalizado y el agresor permanece en el mismo centro socioeducativo sin medidas de aislamiento efectivo, la jueza de Menores interviniente, la Dra. Camus, rechazó los pedidos de prisión domiciliaria y monitoreo con tobillera electrónica tramitados por el defensor oficial Franco Montes.
«Mi hijo estaba llorando, me decía: ‘Mami, no quiero volver, la próxima me mata’. No hay manera de impedir que tengan contacto; se juntan todos a comer, a la huerta y en los horarios de visita. La jueza le ha denegado todo al defensor y lo quiere mandar de nuevo ahí. ¿Quién me garantiza a mí la seguridad de mi hijo?», concluyó desesperada la madre, reclamando la urgente intervención de las autoridades de Minoría y de la Justicia provincial.








