El manejo de las frustraciones infantiles y la fijación de límites claros constituyen uno de los mayores desafíos cotidianos en los hogares contemporáneos. De acuerdo con el psicólogo Manuel Saravia, los berrinches, pataletas o desbordes emocionales pueden transformarse rápidamente en un mecanismo sistemático de manipulación cuando los más pequeños comprueban empíricamente que esa conducta altera las decisiones de los adultos: «Si un niño ve que cada vez que se tira al piso consigue cosas, ya sabe que ese es el camino», alertó el especialista.
Para abordar estos episodios sin caer en extremos autoritarios ni permisivos, el profesional enfatizó la necesidad de distinguir con precisión entre la emoción y la conducta: los menores tienen pleno derecho a experimentar enojo o frustración, pero bajo ninguna circunstancia se debe naturalizar ni tolerar que esa emoción derive en agresiones físicas, insultos o la rotura de objetos. En ese sentido, la clave reside en validar el sentimiento del hijo y acompañarlo en el proceso de calma, pero sosteniendo firmemente la negativa frente al reclamo caprichoso.
La trampa de la culpa parental y la ausencia laboral
Uno de los principales factores que debilitan la autoridad en la crianza actual es el sentimiento de culpa que experimentan muchos progenitores. Saravia señaló que jornadas laborales extensas, exigencias económicas o situaciones de separación conyugal llevan a muchos padres a intentar «compensar» el tiempo fuera del hogar mediante concesiones materiales o relajación total de las normas: «Venimos en una generación de muchos padres con culpa que terminan dándole al niño todo lo que pide», remarcó.
Frente a esto, el especialista sostuvo que, si bien sostener una pauta genera incomodidad y tensión momentánea, renunciar al límite solo consolida el grito y la queja como herramientas extorsivas.
El rol de los abuelos y la coherencia del ejemplo adulto
El abordaje también puso el foco en dos dinámicas habituales de la convivencia familiar:
- El cuidado de los abuelos: Cuando los adultos mayores quedan al frente de la rutina diaria, resulta indispensable consensuar criterios unificados y respaldar su autoridad. La contradicción entre figuras de cuidado confunde al menor y fomenta que busque refugio en el adulto más permisivo para salirse con la suya.
- Predicar con el ejemplo: Las normas de convivencia del hogar deben ser universales. El psicólogo subrayó que habilitar excepciones injustificadas para los adultos (como comer fuera de la mesa o usar dispositivos en momentos de encuentro) transmite un mensaje contradictorio, haciendo creer al niño que madurar otorga el derecho de vulnerar las reglas colectivas.








