Un informe técnico internacional y proyecciones del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmaron la consolidación de un evento severo de El Niño, cuyos efectos comenzarán a sentirse con extrema crudeza a lo largo de esta primavera y se extenderán, como mínimo, hasta febrero de 2027. De acuerdo con el reporte oficial de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el evento actual presenta casi un 100% de probabilidad de persistencia y se perfila para convertirse en el más intenso registrado en las últimas cuatro décadas, superando los parámetros históricos del fenómeno ocurrido en 2015.
Especialistas del CONICET y de la Universidad de Buenos Aires (UBA) remarcaron que el invierno ya exhibió anomalías térmicas moderadas y precipitaciones atípicas, pero advirtieron que la primavera y el inicio del verano representarán la fase de máxima aceleración, elevando de forma crítica el riesgo de crecidas de cuencas fluviales e inundaciones generalizadas.
El pronóstico trimestral y el mapa de lluvias en el país
La proyección elaborada por los centros meteorológicos para el trimestre septiembre-octubre-noviembre anticipa un panorama dispar pero con marcados excesos hídricos:
- Lluvias muy superiores a las normales: Norte del Litoral (epicentro en Misiones, Corrientes, este de Chaco y Santa Fe), oeste de Cuyo, La Pampa, sudoeste de la provincia de Buenos Aires y noreste de la Patagonia.
- Precipitaciones entre normales y superiores: Sur del Litoral, Córdoba, San Luis, resto de la provincia de Buenos Aires y noroeste patagónico.
- Lluvias por debajo de lo habitual: Región del NOA (noroeste argentino) y el sudoeste de la Patagonia.
Riesgo de crecidas y el impacto en las cuencas hídricas
El mayor foco de preocupación se ubica en el noreste argentino y las cuencas compartidas con los países vecinos. Las abundantes precipitaciones previstas sobre el sur de Brasil ya incrementaron los caudales de los ríos Paraná e Iguazú, provocando el cierre preventivo de circuitos turísticos como la Garganta del Diablo. Los expertos alertan que la continuidad de las tormentas superará con facilidad la capacidad de absorción del suelo, con un efecto derrame hacia la cuenca bonaerense, donde el lento escurrimiento del agua incrementa la vulnerabilidad ante anegamientos prolongados.








