La educación superior argentina volvió a encender las alarmas tras la publicación del ranking regional elaborado por la consultora británica Quacquarelli Symonds (QS). La medición, que evaluó a 517 instituciones de 27 países de América Latina, reveló que la Argentina registró la mayor tasa de descenso de la región: de las 46 casas de altos estudios evaluadas, 17 perdieron posiciones, 20 se mantuvieron estables y solo 8 lograron subir escalones.
Pese a este escenario contractivo, la Universidad de Buenos Aires (UBA) logró conservar el 10° puesto continental, posicionándose una vez más como la institución argentina mejor rankeada. El desempeño de la UBA estuvo apuntalado por el 2° lugar que obtuvo tanto en Reputación Académica como en Reputación entre los Empleadores. Tras la UBA, el podio local se completó con la Universidad Nacional de La Plata (UNLP, 21°), la Universidad Austral (25° y primera privada), la Universidad Nacional de Córdoba (UNC, 30°), la Universidad Católica Argentina (UCA, 42°) y la Universidad de San Andrés (dentro del top 50), mientras que la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) ingresó al top 100 en el puesto 94°. A nivel continental, el liderazgo fue para la Pontificia Universidad Católica de Chile, escoltada por la Universidad de São Paulo (USP) y la Unicamp de Brasil.
Impacto presupuestario y déficit en investigación científica
Desde la consultora QS atribuyeron el retroceso al arrastre de recurrentes restricciones económicas y al impacto de las fuertes presiones presupuestarias. Si bien se reconoce la alta estima internacional hacia los graduados y docentes argentinos, el talón de Aquiles radica en la investigación: ninguna universidad del país figura entre las 50 mejores en citas por artículo ni entre las 90 mejores en producción de papers por profesor, una métrica que representa cerca del 25% del puntaje final.

La publicación del informe coincide con la discusión por los fondos para la educación y la ciencia. De acuerdo con proyecciones del economista e investigador de la UBA/CONICET Javier Curcio, entre 2023 y 2027 la caída acumulada en términos reales alcanzará el 44,1% para educación general, el 25,2% para las universidades nacionales y el 38% para el área científica. Frente a ello, especialistas advierten sobre el riesgo de fuga de talentos e instan a complementar la defensa del financiamiento público con alianzas estratégicas en el sector productivo y fondos filantrópicos de graduados para sostener los laboratorios y el desarrollo doctoral.







