En el marco del Día Mundial contra la Hepatitis C, especialistas y autoridades sanitarias redoblaron el llamado a la concientización sobre una enfermedad vírica que avanza sin manifestaciones clínicas evidentes y que, de no ser tratada a tiempo, puede derivar en cuadros severos como cirrosis o carcinoma hepatocelular. De acuerdo con los datos epidemiológicos nacionales proyectados para 2026, el país detecta entre 700 y 800 nuevos casos cada año, mientras que a escala global unas 50 millones de personas conviven con el virus de manera crónica.
Una amenaza asintomática con alto poder de daño hepático
El virus de la hepatitis C (VHC) genera una inflamación progresiva del hígado que suele cursar de forma asintomática durante décadas:
- Vía de transmisión: se propaga exclusivamente por el contacto directo con sangre infectada.
- Mortalidad global: las hepatitis virales (predominantemente B y C) son responsables de más de 1,34 millones de muertes anuales en el mundo (unas 3.500 diarias) debido al desarrollo tardío de cirrosis hepática o cáncer.
- Sin vacuna disponible: a diferencia de las variantes A y B, la cepa C no cuenta con inmunización preventiva. Por ello, la profilaxis radica en evitar el contacto con material punzante o cortante no esterilizado (tatuajes, piercings, instrumental médico) y no compartir elementos de higiene personal como afeitadoras.
Quiénes deben hacerse el testeo y la efectividad de la cura
Las guías del Ministerio de Salud de la Nación establecen que toda persona mayor de 18 años debe someterse al análisis específico al menos una vez en la vida, incluso sin presencia de síntomas, poniendo especial énfasis en:
- Quienes recibieron transfusiones de sangre, hemoderivados o cirugías previas a 1992.
- Pacientes sometidos a tratamientos de hemodiálisis.
- Personas que se hayan realizado tatuajes o piercings en locales sin controles higiénicos adecuados.
- Usuarios que hayan compartido elementos para el consumo de sustancias inyectables o inhaladas.
La directora médica nacional de Ospedyc, Dra. Elena Zevallos, remarcó la importancia del diagnóstico precoz: «Detectarla a tiempo cambia el panorama por completo. Un análisis de sangre de rutina permite diagnosticarla antes de que genere daños irreparables y dar paso a los tratamientos antivirales actuales, los cuales son por vía oral y logran curar a más del 95 % de los pacientes en solo 8 a 12 semanas».








