Aún sin haber extraído la primera tonelada de mineral, la inminencia de los megaproyectos cupríferos como Vicuña y Los Azules ya comenzó a sacudir el tradicional tablero empresarial de San Juan. En los despachos corporativos más influyentes de la provincia se debate con intensidad la conformación de una alianza estratégica entre hombres de negocios sanjuaninos y mendocinos para operar bajo una lógica de bloque cuyano, con el objetivo de disputar las millonarias licitaciones de logística, transporte, obras viales y servicios que demandará la industria pesada.
Sin embargo, este movimiento regional encendió las alarmas de otro sector del empresariado local, que comenzó a articular un frente de resistencia: la creación de un «círculo rojo» estrictamente sanjuanino, orientado a preservar el protagonismo de las firmas provinciales y evitar que la renta y el empleo migren hacia la provincia vecina.
Quiénes impulsan la integración cuyana
La alianza que busca operar en clave regional reúne a dirigentes de peso gremial e inserción en el poder público:
- Los referentes locales: Entre los nombres señalados en los pasillos industriales figuran Hugo Goransky (titular de la firma de gases industriales La Platense, expresidente de la Unión Industrial de San Juan y actual secretario del Departamento Minero de la UIA nacional) y el empresario industrial Alejandro Mestre, también extitular de la UISJ. A ellos se suma Juan Pablo Delgado, presidente de la Cámara de Servicios Mineros (CASEMI) y propietario de Puerto Trans, junto a su ladero y asesor de comunicación Raúl Olivera.
- El desembarco mendocino: Por el lado de Mendoza, la cabeza visible es Gianni Badaloni junto al Grupo Andesmar —conglomerado que adquirió el paquete mayoritario de acciones de Diario de Cuyo—, además de grupos comerciales como Yacopini, que ya desembarcó en predios de la provincia.
Los impulsores de esta integración sostienen que la unión de capitales, contactos y solvencia crediticia de Mendoza con el conocimiento territorial de San Juan brinda la escala operativa indispensable para competir frente a gigantes internacionales en las licitaciones mineras.
La resistencia localista: el reclamo del efecto multiplicador
Frente a este avance, un nutrido grupo de pymes y proveedores sanjuaninos tradicionales comenzó a diseñar una estructura corporativa propia, tomando como espejo el cerrado modelo empresarial que históricamente blindó a Mendoza:
- Dos décadas de experiencia: Argumentan que San Juan convive y aprende de la gran minería metalífera desde hace más de 20 años (a través de Veladero y Gualcamayo), por lo que las firmas locales cuentan con el derecho adquirido y la capacidad técnica para liderar la primera línea de contrataciones.
- La defensa de la economía provincial: Plantean que cuando un contrato queda en manos de una empresa sanjuanina, se genera un círculo virtuoso que beneficia a toda la comunidad: «Los salarios se pagan acá, los proveedores compran en comercios sanjuaninos, el combustible se carga en estaciones de la provincia y la plata circula en nuestros supermercados y restaurantes».
El primer choque en la licitación de Vicuña
La disputa entre ambas visiones corporativas ya tiene un escenario concreto de confrontación: la licitación lanzada por Fluor, la compañía gerenciadora del proyecto Vicuña, para el transporte de personal hacia la alta cordillera:
- La UTE sanjuanina: Conformada por las firmas PAP, Dream (división minera de la empresa 20 de Junio) y Autotransporte San Juan (del Grupo Flecha Bus).
- La UTE cuyana: Encabezada por la mendocina Andesmar, asociada estratégicamente con empresas comunitarias de Iglesia y Jáchal como SOTUR y COMINSA, además de Mitre Bus de Santa Lucía.
Esta puja expone que la carrera por el negocio del cobre ya comenzó a jugarse en los escritorios, definiendo si el futuro económico de San Juan se integrará bajo una matriz regional o si se blindará para consolidar su propio núcleo de poder empresarial.








