El estremecedor caso de la jubilada de 81 años hallada sin vida en Santa Lucía, en una vivienda que era saqueada sistemáticamente por delincuentes mientras el cuerpo permanecía en el lugar, sumó un nuevo capítulo en los tribunales sanjuaninos. La jueza Ana Lía Larrea resolvió hacer lugar a un planteo presentado por la defensa de los acusados y redujo el plazo de la prisión preventiva de 12 a 10 meses.
La resolución judicial para los cuatro imputados
La medida de alzada modificó la resolución original dictada por el juez de Garantías Pablo Leonardo León. De esta manera, los cuatro sospechosos —identificados por fuentes judiciales como Alexander Flores, Nahuel Vera, Gabriel Pozo y Cristian Videla— continuarán alojados en el Servicio Penitenciario Provincial mientras avanza la instrucción penal preparatoria, aunque bajo un plazo procesal más acotado.
El expediente, encabezado por el fiscal Sebastián Gómez y la ayudante fiscal Agostina Pérez (UFI Delitos Especiales N° 5), experimentó un giro rotundo días atrás. Si bien inicialmente se investigaba un presunto hurto calamitoso bajo la presunción de una muerte natural por neumonía, las pericias forenses e histopatológicas determinaron que la octogenaria sufrió una muerte violenta por asfixia mecánica, provocada mediante la compresión manual o el uso de una almohada. Con esa confirmación, la Fiscalía reformuló los cargos a «robo seguido de muerte», delito que contempla penas de entre 10 y 25 años de prisión.
Doce días de robo continuo junto al cadáver y la espera del ADN
El aspecto más aberrante que reveló la autopsia es la fecha probable del deceso: la víctima llevaba muerta aproximadamente 12 días antes de la intervención policial. Las pesquisas determinaron que los sospechosos entraron y salieron de la propiedad en reiteradas oportunidades durante casi dos semanas para desvalijarla por completo, conviviendo con el cadáver de la mujer en el interior de la casa.
Uno de los acusados, Gabriel Pozo —quien fue interceptado in fraganti mientras huía cargando una heladera—, intentó desvincularse del asesinato en la audiencia anterior: «Que me perdone Dios por haberle entrado a robar a una mujer muerta», argumentó, alegando que la mujer ya yacía sin vida cuando ingresaron a sustraer las pertenencias.
No obstante, la coartada de los detenidos afronta una prueba decisiva: peritos forenses rescataron material genético debajo de las uñas y en las manos de la anciana, detectando dos perfiles de ADN (al menos uno de ellos masculino). El resultado del cotejo genético con los cuatro acusados resultará determinante para establecer quién fue el autor material de la asfixia letal.








