Un bochorno arbitral sin precedentes sacudió el cierre del empate 0-0 entre All Boys y Godoy Cruz en el Estadio Islas Malvinas, correspondiente a la fecha 33 de la Primera Nacional. El árbitro Nicolás Lamolina sancionó un penal para el conjunto mendocino en el minuto 88 y expulsó con roja directa a Iván Zafarana, pero tras 23 minutos de caos generalizado, protestas desenfrenadas y la exhibición de teléfonos móviles dentro del campo de juego, dio marcha atrás con su fallo en una categoría donde no rige el sistema de videoasistencia oficial.
El partido ya venía cargado de tensión previa: el inicio se postergó media hora por graves incidentes y enfrentamientos con la policía en los accesos tras la aplicación del derecho de admisión a simpatizantes locales, arrojando un saldo de ocho detenidos. Ya en lo futbolístico, a los 23 del complemento Lamolina había cobrado un primer penal inexistente para el Tomba por una mano que en realidad dio en la cabeza de un defensor de All Boys —tiro que Martín Pino estrelló en el travesaño—.
El escándalo mayor estalló a dos minutos del cierre regular, cuando Axel Rodríguez cayó fuera del área tras un cruce con Zafarana. Lamolina pitó penal y expulsó al zaguero. Indignados, jugadores y cuerpo técnico local rodearon a la terna, desatando la expulsión del DT Fabián Nardozza. La situación escaló a niveles insólitos cuando el propio Zafarana y el exdirigente Héctor Capurro ingresaron con teléfonos celulares para mostrarle la repetición televisiva al juez. Tras casi media hora de interrupción, Lamolina rectificó el fallo y otorgó tiro libre al borde del área, aduciendo que la corrección fue advertida por su asistente. El episodio derivó en el bautismo virtual del «celuVAR» y abrió un frente disciplinario para el árbitro ante las normativas estrictas de FIFA y AFA que prohíben revisar jugadas con dispositivos ajenos a la transmisión técnica oficial.








