El fenómeno meteorológico de El Niño ya despliega sus efectos a escala global y sitúa a la provincia de San Juan en un escenario atípico tras décadas de sequía extrema. En una extensa entrevista concedida a Radio Colón, el director del Gabinete de Estudios de Geocriología, Nivología y Cambio Climático de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (UNSJ), Silvio Pastore, brindó precisiones sobre el comportamiento del fenómeno, detalló por qué se lo cataloga como un evento «extraordinario» y advirtió sobre los sectores que enfrentarán mayores riesgos operativos y poblacionales.
El especialista comenzó explicando el origen científico y cotidiano del fenómeno: el calentamiento de las aguas del Océano Pacífico ecuatorial por encima de sus valores medios. El nombre fue acuñado históricamente por las poblaciones costeras de Ecuador, donde las intensas lluvias coincidían con las fechas navideñas y la llegada del «Niño Jesús», mientras que la fase inversa, con temperaturas inferiores al promedio y sequías marcadas, dio lugar a «La Niña».
Actualmente, las mediciones arrojan que el Pacífico registra anomalías térmicas cercanas a los 2,5 °C por encima de la media. «Hay pocos registros de que esto haya sucedido; cuando supera los 2,5 °C se lo cataloga como un año extraordinario, un fenómeno que se repite cada ciertas décadas. Esto altera el clima planetario, especialmente en el hemisferio sur, provocando sequías en Australia e incrementando las precipitaciones en la diagonal árida sudamericana, que ingresa por La Rioja, San Juan, Mendoza y llega hasta Chubut. Por eso tuvimos nevadas mayores que en las últimas décadas», detalló Pastore.
El alivio hídrico frente al impacto en la minería y la infraestructura
Desde la perspectiva hídrica y económica provincial, la masa de nieve acumulada representa una excelente noticia. Según explicó el científico, permitirá recargar los embalses de las presas hidroeléctricas, reactivar la generación de energía —vital para saldar compromisos de deuda provincial vinculados a su construcción— y garantizar el riego para el sector agropecuario.
Sin embargo, el fenómeno presenta una contracara con impactos severos en la actividad de cordillera: «A la minería en alta cordillera le va a salir más caro producir una onza de oro; en proyectos como Veladero van a tener que destinar más recursos a mantenimiento de caminos, afrontar días de cortes de ruta y operar plantas por debajo del 100%».
A su vez, en las zonas de montaña y precordillera se dispara el peligro de procesos geológicos naturales, tales como caída de rocas (como la registrada recientemente sobre un vehículo en la ruta a Barreal), deslizamientos de laderas y aluviones repentinos.
El alerta para el Gran San Juan y el trimestre más crítico
Consultado sobre si los efectos alcanzarán a las zonas urbanas, Pastore advirtió que el Gran San Juan también sentirá el impacto a través de tormentas convectivas severas: «Es probable que caiga agua de forma muy localizada en menor tiempo; no cubre todo el valle, pero esa misma cantidad histórica precipitada en lapsos breves produce flujos de gran intensidad e inundaciones repentinas».
En cuanto a los plazos, el investigador remarcó que el período de máximo riesgo se extenderá entre mediados de diciembre, enero y febrero, cuando se superpongan los picos de deshielo en los ríos con las lluvias torrenciales en los valles. Hacia marzo el riesgo puntual comenzará a descender, aunque la alteración meteorológica general persistirá por más de un año.
Frente a esto, Pastore instó a los organismos estatales a blindar los sistemas vitales comunitarios: asegurar vías de comunicación terrestres para evitar pueblos aislados, garantizar el suministro eléctrico en hospitales, proteger acueductos de agua potable y mantener los canales de riego vacíos durante las tormentas para que no colapsen los desagües urbanos.








