Una escena reiterada en el Gran San Juan volvió a encender la indignación ciudadana y colocó en el centro del debate el cumplimiento efectivo de las normativas de protección animal. En el departamento Rawson, automovilistas registraron a un caballo visiblemente exhausto tirando de una pesada carreta cargada de escombros y materiales, patinando sobre el pavimento caliente entre el tránsito fluido y bajo el asedio constante de bocinazos e insultos.
La denuncia pública, visibilizada por proteccionistas y vecinos, apuntó directamente al contraste entre el endurecimiento de controles viales y la falta de intervención ante la Tracción a Sangre (TAS). Mientras el municipio avanza con la instalación de cámaras de fotomultas orientadas a ordenar el tránsito y sancionar faltas vehiculares, la prohibición expresa de la tracción a sangre sigue sin aplicarse con rigor en la vía pública, exponiendo tanto a los animales al maltrato como a los conductores al riesgo permanente de siniestros viales.


Del proyecto de «seres sintientes» a la realidad cotidiana
El reclamo vecinal no ocurre en el vacío: interpela de manera directa la agenda política provincial. El gobernador Marcelo Orrego impulsó ante la Cámara de Diputados el proyecto de ley para reconocer a los animales como «seres sintientes» y «sujetos no humanos» titula
res de derechos, buscando elevar los estándares jurídicos frente a la crueldad y actualizar el régimen de tenencia responsable.
Sin embargo, en las organizaciones proteccionistas advierten que las declaraciones de principios y los proyectos legislativos quedan a mitad de camino si los municipios —como Rawson y Capital— no coordinan operativos territoriales de decomiso, reconversión laboral para los carreros y cumplimiento estricto de las ordenanzas de No TAS vigentes. Frente a la falta de respuestas ejecutivas, advierten sobre la inminente presentación de recursos de amparo judicial para obligar a las comunas a hacer cumplir las normas que ellas mismas sancionan.








