La comunidad educativa de la institución ubicada en Chimbas reclama por la falta de energía eléctrica y el colapso de los sanitarios. Desde el Ministerio aseguran que el problema eléctrico es por falta de potencia, pero denuncian maniobras extrañas en las llaves de agua.
Una situación límite atraviesan las familias y alumnos de la Escuela Pestalozzi, en el departamento de Chimbas. En las últimas horas, un grupo de padres se manifestó en la puerta del establecimiento para visibilizar una problemática que arrastran desde el inicio del ciclo lectivo: constantes cortes de luz y baños que no pueden utilizarse adecuadamente.
La falta de energía no solo afecta la iluminación y el uso de ventiladores o dispositivos pedagógicos, sino que paraliza el suministro de agua, ya que las bombas dejan de funcionar. Esto genera un foco de insalubridad inmediato en los sanitarios, complicando la permanencia de los chicos en las aulas.
Silvia Morito, directora de la institución, explicó que el edificio ha crecido en infraestructura para albergar a los niveles inicial, primario y secundario, pero la capacidad eléctrica no fue actualizada.
«La potencia que llega es similar a la de una casa de familia y debe alimentar a dos instituciones. Por eso los cortes son constantes», detalló la directiva, quien confirmó que las gestiones ante el EPRE y la empresa Naturgy comenzaron en febrero, pero aún esperan una solución técnica definitiva.
Desde el Ministerio de Educación, la secretaria Mariela Lueje aseguró que están trabajando en el lugar, aunque introdujo una cuota de misterio sobre el origen de algunos problemas. Según informes de infraestructura, se han detectado cierres intencionales de las llaves de paso de agua y de electricidad.
«Desconocemos quién lo hace, pero el informe señala que se encuentran con las llaves de paso cortadas, lo que impide que los tanques carguen», señaló la funcionaria, quien ratificó que personal de Obras Menores ya se encuentra nuevamente en la escuela para intentar normalizar el servicio.
Por el momento, la incertidumbre reina entre los padres, quienes exigen una solución de fondo que garantice condiciones dignas de higiene y seguridad para que sus hijos no sigan perdiendo días de clases.







