Tras una valiente y prolongada batalla contra el cáncer, se confirmó la noticia que nadie quería recibir. El niño se había convertido en un símbolo de lucha y esperanza, movilizando a miles de sanjuaninos en cadenas de oración y campañas solidarias. Su partida deja un vacío inmenso, pero también un legado de fortaleza inspirador.
La provincia se despertó este lunes con una noticia que cala hondo en el corazón de la comunidad. «Dieguito», el nene de 12 años que desde hacía tiempo enfrentaba con una sonrisa y una entereza admirable un diagnóstico oncológico, falleció en las últimas horas. Su historia no fue una más; fue el relato de un guerrero que, a pesar de su corta edad, enseñó a todo San Juan el verdadero significado de la palabra «resiliencia».
Desde el momento en que se conoció su situación, la solidaridad sanjuanina no se hizo esperar. A través de las redes sociales, se multiplicaron los pedidos de dadores de sangre, las rifas para costear tratamientos y, sobre todo, las muestras de afecto que llegaban hasta la habitación del hospital donde pasaba sus días. Dieguito logró lo que pocos: unir a personas de todos los ámbitos bajo una misma causa: el deseo de verlo recuperado.
Un guerrero que nunca bajó los brazos
Acompañado incansablemente por su familia, el pequeño atravesó diversas etapas de su tratamiento con una valentía que asombraba a los propios médicos. Sus allegados lo describen como un niño lleno de luz, fanático de sus colores y siempre dispuesto a regalar una palabra de aliento a otros niños que atravesaban situaciones similares en el área de oncología pediátrica.
«Se fue en paz, rodeado de mucho amor, como vivió siempre», expresaron desde su entorno íntimo en un breve mensaje que circuló por redes sociales para agradecer el apoyo recibido durante todo este tiempo. La noticia generó una reacción inmediata, con cientos de mensajes de despedida y agradecimiento por las lecciones de vida que dejó a su paso.
El adiós de una provincia
El fallecimiento de Dieguito vuelve a poner de relieve la importancia del acompañamiento a las familias que transitan enfermedades crónicas y el valor de la donación de médula y sangre. Para muchos, él ya no es solo un recuerdo, sino un motor para seguir colaborando con las instituciones que asisten a niños en tratamiento oncológico en la provincia.
Sus restos serán despedidos en una ceremonia íntima, tal como lo solicitó la familia, que atraviesa este momento de profundo dolor bajo el respeto y el cariño de todo un pueblo que lo adoptó como propio. San Juan despide hoy a un pequeño gigante que, a pesar de la brevedad de su camino, dejó una huella imborrable en el alma de todos los que conocieron su historia.







