En una noche para el olvido, el equipo de Coudet cayó 1-0 ante un Atlético Tucumán que no ganaba de visitante hacía 464 días. Pese a clasificar segundo en la Zona B, la pobreza futbolística y la falta de rebeldía encendieron las alarmas antes de los playoffs.
El fútbol suele ofrecer escenarios de redención, pero a veces también expone las miserias más profundas de un plantel que parece haber perdido la brújula. River Plate, ese equipo que bajo la conducción del «Chacho» Coudet venía maquillando con resultados la ausencia de un juego fluido, chocó de frente contra su propia realidad. La derrota 1-0 ante Atlético Tucumán no es solo un tropiezo estadístico; es un síntoma preocupante de cara a lo que viene.
El dato previo ya era una sentencia: el «Decano» tucumano llevaba más de un año (464 días) sin sumar de a tres fuera de su casa. Sin embargo, el «Millonario» se encargó de romper la racha ajena. Con un gol de Renzo Tesuri, el equipo de Falcioni desnudó todas las falencias de un River «muletto» que terminó siendo reprobado con una silbatina estruendosa por un Monumental que perdió la paciencia.
Sin fútbol y sin respuestas
El partido fue un «loop» de malas decisiones. Ni el retorno de Maxi Meza tras seis meses de inactividad, ni la magia intermitente de Juanfer Quintero lograron perforar el bloque defensivo tucumano. El equipo se vio «sucio, pastoso y rígido», tal como el propio Coudet había admitido semanas atrás, pero esta vez sin el consuelo del resultado a favor.
La actuación de las figuras dejó mucho que desear. Germán Pezzella falló en el retroceso del gol visitante un error conceptual grave donde River tenía superioridad numérica y los creativos se diluyeron en individualismos. Kendry Páez abusó de los lujos improductivos y Facundo Colidio careció de peso en el área. Solo el juvenil Lautaro Pereyra, con el desparpajo de quien recién empieza, intentó algo distinto a base de gambetas, siendo el único que despertó un tibio aplauso entre tanto murmullo.
La preocupación en Núñez no pasa por la tabla (River terminó segundo en la Zona B y ya piensa en los playoffs), sino por las formas. Esta versión de River recordó a los peores momentos del ciclo anterior, aquellos que forzaron renuncias y dejaron cicatrices en el hincha. La falta de rebeldía ante la adversidad y la incapacidad de generar peligro más allá de un cabezazo de Salas en el travesaño dejan al equipo en un estado de vulnerabilidad absoluta.
Ahora, el margen de error desaparece. Tanto en el torneo local como en la recta final de la Sudamericana, una actuación «papelonezca» como la de anoche significa la eliminación directa. Coudet deberá trabajar más en la cabeza que en los pies de sus jugadores si quiere que este River vuelva a ser el candidato que su historia le exige.







