Franco Buffagni, quien ingresó por el peronismo en 2023, confirmó su alineamiento con el oficialismo provincial. El movimiento deja a la intendenta Romina Rosas en una situación de debilidad institucional, con un cuerpo deliberativo bajo control opositor.
El mapa político de Caucete sufrió un cambio drástico que redefine la gestión municipal de cara al 2027. Franco Buffagni, actual presidente del Concejo Deliberante, oficializó su salto a las filas del orreguismo, un movimiento que, aunque se venía gestando en las votaciones, termina de cristalizar un escenario complejo para el Ejecutivo local.
El impacto del sistema electoral
La llegada de Buffagni al cuerpo legislativo se produjo a través del frente San Juan por Todos, bajo la lista de la excandidata Sonia Carina Recabarren. Sin embargo, amparado en las particularidades del Sipad, el edil comenzó a marcar una distancia insalvable con la intendenta Romina Rosas casi desde el inicio de la gestión.
Junto a su compañero de bloque, Pedro Gómez, Buffagni consolidó una alianza táctica con los ediles de Cambia San Juan, logrando así la presidencia del cuerpo en diciembre pasado. Si bien la Carta Orgánica exige que el presidente pertenezca al mismo frente que el intendente, el «blanqueo» de su pertenencia política al Gobierno provincial rompe con la sintonía política esperada.
Un revés para la gestión de Romina Rosas
Para la intendenta, este pase representa un desafío de gobernabilidad inmediato. El escenario actual se resume en puntos críticos:
- Minoría legislativa: El Concejo queda, de hecho, bajo control de la oposición provincial.
- Presupuesto: Rosas gobierna actualmente con el Presupuesto 2025 prorrogado.
- Leyes clave: El municipio aún no logra la aprobación de la Ordenanza Tributaria Anual, fundamental para la recaudación y operatividad local.
Vínculos preexistentes
Según trascendió en los pasillos de la política caucetera, los nexos de Buffagni con el orreguismo no son nuevos, sino que habrían sido parte de un acuerdo electoral previo que ahora sale a la luz. Con este panorama, la intendenta Rosas enfrenta un año y medio de gestión marcado por la tensión institucional y la necesidad de negociar cada paso con un Concejo que ya no le responde.







