El escenario político de San Juan comenzó a agitarse de manera prematura. En las últimas horas, el vicegobernador Fabián Martín lanzó una serie de definiciones que, leídas entre líneas, dejan al descubierto la preocupación del Ejecutivo provincial por el desgaste de su propio caudal electoral.
Ante la posibilidad de una derrota, el ladero de Marcelo Orrego ya comenzó a tender puentes hacia La Libertad Avanza, bajo la premisa de que el orreguismo, por sí solo, no tendría la fuerza suficiente para enfrentar al peronismo en las urnas.
El reconocimiento de la debilidad electoral
Durante una entrevista radial este martes, Martín no ocultó su inquietud respecto a la dispersión del voto no kirchnerista. Con una frase que resuena a advertencia interna, el titular de la Legislatura aseguró que “si vamos divididos, restamos fuerzas y posibilidades”. Este diagnóstico revela que el oficialismo provincial se percibe hoy en una situación de fragilidad, donde la unidad con el sector de Javier Milei no aparece como una opción ideológica, sino como una necesidad mecánica para compensar la falta de votos propios frente a un justicialismo que se encamina a la cohesión.
Un cortocircuito en la cúpula del poder
Lo más llamativo del planteo de Martín es la aparente falta de sintonía con el gobernador. Al ser consultado sobre si existen gestiones formales para esta alianza, el vicegobernador admitió: “No me ha comentado nada el gobernador al respecto”. Esta declaración deja entrever un escenario de incertidumbre en el seno del gobierno, donde el segundo mandatario sale a pedir auxilio electoral a los libertarios mientras Orrego mantiene un silencio que puede interpretarse como cautela o como una falta de plan conjunto ante la amenaza de los “resultados ajustados” que el propio Martín vaticina.

Los límites de una alianza por conveniencia
El intento de aglutinar fuerzas parece chocar con la realidad de las ambiciones personales. El propio Martín recordó que en el pasado ya hubo acercamientos que naufragaron por la disputa de los lugares de privilegio en las listas. Aunque ahora se hable de un “proyecto de gobierno” y de “ideas centrales”, la historia reciente indica que ni el orreguismo ni los libertarios están dispuestos a ceder el protagonismo, lo que profundiza la sensación de que este llamado a la unidad es un manotazo de ahogado ante el temor de perder la conducción de la provincia en 2027.
Un camino cuesta arriba
Finalmente, el vicegobernador intentó matizar el panorama mencionando que la provincia atraviesa una etapa de “generar confianza y credibilidad”, reconociendo implícitamente que, tras casi medio año de gestión, todavía están lejos de consolidar una base de apoyo que les permita dormir tranquilos. El destino del orreguismo parece estar atado, entonces, a su capacidad de seducir a otras fuerzas para no quedar expuestos en una soledad política que los votos, según sus propios cálculos, no alcanzarían a cubrir.







