El ministro de Economía de la Nación defendió el superávit fiscal como la bandera innegociable de su gestión y diferenció el plan actual del gradualismo aplicado por Mauricio Macri. «Toto» Caputo aseguró que los indicadores de marzo ya reflejan una incipiente recuperación en la construcción y los precios mayoristas, vaticinando un fuerte repunte entre mayo y junio apalancado por la desinflación y la reactivación de 9.000 kilómetros de corredores viales. Además, condicionó la baja de retenciones y del impuesto al cheque a lograr un crecimiento anual de entre el 6% y el 8%, al mismo tiempo que tildó al kirchnerismo de ser «el infierno» para la sociedad.
El frente económico y el horizonte político de la administración libertaria fueron el eje de un extenso análisis por parte del ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo. Durante un intercambio técnico y político coordinado por el analista Damián Di Pace —del que también participaron los economistas y especialistas Gustavo “Lacha” Lazzari, Jorge Giacobbe y Fausto Spotorno—, el titular del Palacio de Hacienda trazó una hoja de ruta para los próximos meses y se mostró extremadamente optimista respecto al humor social, vaticinando de forma contundente que el presidente Javier Milei «ganará por paliza en primera vuelta» las elecciones presidenciales de 2027.
Para el jefe de la cartera económica, el escenario político futuro está directamente atado a la consolidación de las reformas estructurales en marcha. Caputo sentenció que la alternativa «populista-comunista» —en alusión directa al kirchnerismo— ha dejado de ser una opción viable o atractiva para el electorado argentino, debido a que la ciudadanía ya la identifica con «el infierno». Bajo esta premisa, aseguró que el cambio de mentalidad en el sector empresarial ya comenzó a dinamizarse y que, una vez que la sociedad asimile que el camino de la libertad es el correcto, la batalla cultural estará ganada definitivamente.
El calendario de la reactivación y la obra pública
Al momento de desmenuzar las variables técnicas de la macroeconomía, «Toto» Caputo argumentó que el país se encuentra en las vísperas de un proceso de crecimiento sostenido que la Argentina no experimenta desde hace más de una década. Según el funcionario, los indicadores correspondientes al mes de marzo ya comenzaron a dar los primeros signos positivos de estabilización, detectándose mejoras puntuales en el sector de la construcción y en el índice de precios internos al por mayor (IPIM).
El cronograma oficial de reactivación que maneja el Ministerio de Economía se estructura bajo los siguientes plazos y medidas:
- El salto de mitad de año: El Gobierno proyecta que el repunte más robusto de la actividad económica general comenzará a visibilizarse de forma nítida entre los meses de mayo y junio.
- El factor desinflación: Este impulso estará motorizado por la continuidad de la tendencia a la baja en los índices de inflación minorista.
- Inyección a los corredores viales: El ministro anunció la puesta en marcha de obras sobre 9.000 kilómetros de rutas en distintos corredores viales del país, una medida que busca dar un giro decisivo e inyectar dinamismo a la obra pública de forma estratégica.
Impuestos, pymes y el «colchón» de los 200.000 millones de dólares
Respecto a una de las demandas más recurrentes del sector privado —la alta presión impositiva—, el titular de Hacienda enfatizó que el objetivo final e irrenunciable del programa es la baja generalizada de impuestos. Sin embargo, aclaró que para alcanzar ese estadio es condición previa indispensable aumentar la recaudación mediante el crecimiento genuino y la formalización de la economía. En ese sentido, destacó el concepto de «inocencia fiscal» como una herramienta clave para combatir el empleo y la producción informal, y prometió que si la Argentina logra hilvanar tasas de crecimiento de entre el 6% y el 8% anual, en un plazo de solo dos o tres años se podrán eliminar de forma definitiva tributos distorsivos como las retenciones a las exportaciones o el impuesto al cheque.
Por otra parte, Caputo reconoció que el financiamiento para las pequeñas y medianas empresas (pymes) continúa siendo un desafío complejo debido a que las tasas finales que pagan las compañías resultan excesivamente altas por el peso de las tasas e impuestos provinciales y municipales. No obstante, ponderó que el crédito al sector privado ya escaló del 3,8% al 11% del PBI y que se encuentra trabajando activamente con las entidades bancarias para mejorar los plazos y condiciones regulatorias. Asimismo, puso el foco en el mercado de capitales, señalando el potencial latente que significaría canalizar hacia la inversión productiva los cerca de 200.000 millones de dólares que los ciudadanos locales mantienen ahorrados fuera del sistema, comúnmente denominado «debajo del colchón».
Las diferencias con Macri y el factor psicológico del trauma
El ministro dedicó un tramo de su exposición a marcar las diferencias doctrinarias y de ejecución entre la actual gestión de Javier Milei y la experiencia gubernamental de Mauricio Macri, período en el cual él mismo se desempeñó como funcionario. Caputo defendió el superávit fiscal financiero como la base innegociable de todo el plan, contrastándolo con los años de Cambiemos, donde no se priorizó de entrada el equilibrio a rajatabla de las cuentas públicas.
De acuerdo a la lectura del ministro, mientras que el gobierno de Macri se apoyó en una «euforia financiera» inicial que terminó postergando las reformas de fondo y el ajuste fiscal, la administración libertaria logró alcanzar el déficit cero en su primer mes de gestión, con el valor agregado de haberlo hecho sin contar con el apoyo inicial de los mercados internacionales. Para el funcionario, la solidez que muestra la economía actual ante los shocks externos es la prueba científica de que las defensas del país son hoy mucho más robustas.
Finalmente, el titular de Economía abordó el factor psicológico que tiñe la coyuntura, explicando que el mayor obstáculo para la aceleración de las inversiones es el «trauma» derivado de sesenta años de fracasos continuos en planes económicos, una inercia histórica que le quita credibilidad inmediata a cualquier programa de estabilización por más consistente que sea en los papeles.







