El reconocido deportista sanjuanino rompió el silencio tras la viralización del video en Rivadavia. El miedo a una agresión mayor, el truco para salvarse de una patota y el urgente pedido de empatía en las calles.
La avenida Libertador, en las inmediaciones del Jardín de los Poetas, suele ser un paisaje de esfuerzo, pedaleo y aire puro para los ciclistas sanjuaninos. Sin embargo, en cuestión de segundos, ese espacio de entrenamiento se transformó en una escena de vulnerabilidad extrema y violencia explícita para Leonardo Cobarrubia.
Un video viralizado en las últimas horas expuso una realidad que, según los propios deportistas, se sufre en silencio casi a diario: la furia al volante y la total desprotección de quien viaja sobre dos ruedas.
En las imágenes que inundaron las redes se ve el estallido: una discusión de tránsito que termina con un automovilista bajando de su vehículo para propinarle una violenta cachetada a Cobarrubia. Pero detrás de esos segundos de furia, hay una historia de supervivencia y cordura que el propio ciclista —exintegrante del SEP San Juan y actual corredor de Diberboll— decidió contar para visibilizar el peligro al que se exponen cada vez que salen a la ruta.
Siete contra cinco: El miedo a una tragedia mayor
«Veníamos de entrenar, éramos cinco o seis ciclistas. Veníamos de a dos y en fila. Él nos pasa, nos escupe y nos tira el auto encima. A mí casi me engancha, no sé cómo hice para no caerme», relató Cobarrubia, reviviendo el inicio de un calvario que pudo haber terminado en tragedia antes de que mediaran las palabras.
Lo que siguió fue una emboscada psicológica. Lejos de ser un cruce entre dos personas, el auto se detuvo y la asimetría de fuerzas se volvió asfixiante. «Se para y se bajan siete personas del auto directamente a ver la reacción de nosotros», detalló el ciclista. En ese contexto de provocación, llegó el golpe: «Nunca sentimos la bocina ni nada y de repente me manda la cachetada».
Frente al impacto físico y la humillación pública, la reacción de Cobarrubia no fue el contraataque, sino la preservación. En un acto de enorme templanza, el atleta entendió que cualquier chispa desataría una golpiza grupal.
«No tuve reacción violenta ni nada. Lo que tuve que hacer fue buscar la forma para que este hombre se fuera, porque eran siete que estaban esperando que nosotros hagamos el más mínimo gesto para pegarnos».
Fue allí donde nació la escena que muchos vieron en el video: Cobarrubia alejándose unos metros, tomando su celular y fingiendo una llamada de urgencia. Un escudo ficticio para frenar la violencia real. “Tuve que hacerme como que hablaba por teléfono para que se fueran”, confesó. La providencial aparición de una mujer policía que viajaba en un auto particular detrás de ellos sirvió para calmar las aguas y registrar el hecho, instando a los deportistas a radicar la denuncia.
«Es mi trabajo, vivo de esto»
El debate sobre la convivencia vial volvió a encenderse. Mientras algunos intentan justificar lo injustificable argumentando que el pelotón circulaba presuntamente en doble fila, Cobarrubia prefiere llamar a la reflexión colectiva. Para él, y para muchos otros, la bicicleta no es un pasatiempo de fin de semana: es su oficina de trabajo.
«Hay mucha gente que se molesta con nosotros, pero es mi trabajo y vivo del ciclismo. Tenemos que respetarnos en la calle, no pueden pasar y tirarnos el auto encima», reflexionó con dolor.
El ciclista admitió comprender el fastidio que puede generar un grupo masivo de 20 o 30 bicicletas en la calzada, pero advirtió que la agresividad hacia ellos cruzó límites inhumanos. «Ya se hizo una costumbre atentar contra los ciclistas. Hay gente que es muy mala. A un colega le tiraron agua hirviendo, no es así el tema», lamentó.
Un golpe que expuso una realidad oculta
Afortunadamente, Cobarrubia se encuentra bien físicamente. Sin embargo, el golpe en el rostro dejó una marca más profunda en la comunidad deportiva. Para el corredor, la viralización del video —lejos de ser un trago amargo— se transformó en una oportunidad para que las cosas dejen de naturalizarse.
«El video se hizo viral, sino hubiese pasado como ya pasó un montón de veces y la mayoría de los ciclistas la hemos vivido», concluyó el pedalista, dejando un ruego que resuena con fuerza en las rutas de la provincia: «Los automovilistas deben respetar el metro y medio de distancia. Ojalá que esto cambie».







