El fallecimiento de Carlos Alberto «el Indio» Solari generó un profundo impacto en la cultura argentina. La partida del exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, ocurrida este viernes en su residencia de Parque Leloir, cierra uno de los capítulos más influyentes y convocantes del rock en español.
A los 77 años, el músico y compositor dejó de existir físicamente, pero su figura ya se encuentra en el plano de las leyendas populares. Diagnosticado con enfermedad de Parkinson en 2016, afección que él mismo describió ante su público en un recordado concierto en Tandil, se había mantenido alejado de los escenarios presenciales desde su histórico y masivo recital en Olavarría en 2017. En 2023, la progresión de su cuadro de salud lo obligó a anunciar su retiro definitivo de los shows en vivo, aunque continuó vinculado a la producción artística en estudio y al uso de tecnologías virtuales y holográficas para comunicarse con sus fieles seguidores.
Nacido en Paraná y criado en el epicentro cultural de La Plata, Solari fundó a mediados de la década de 1970, junto a Skay Beilinson, una agrupación que reconfiguró la industria musical bajo la bandera de la autonomía y la independencia artística. Sin el respaldo de los grandes medios de comunicación tradicionales y esquivo a la exposición pública, construyó junto a Los Redondos un fenómeno de masas inédito que cosechó obras cumbres como Oktubre, Un baión para el ojo idiota y Luzbelito, antes de la disolución de la banda en el año 2001.
Su etapa posterior frente a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado consolidó ese magnetismo popular, llenando estadios a lo largo y ancho del país en lo que sus propios fanáticos bautizaron como «el pogo más grande del mundo». Su última distinción relevante la recibió por parte de la Universidad de Buenos Aires, que le otorgó el Doctorado Honoris Causa, espacio donde dejó uno de sus últimos mensajes hacia la sociedad y la militancia cultural que siempre defendió desde la poesía de sus canciones.







