El crecimiento de las denuncias por grooming y la mayor concientización de las familias permitieron poner en evidencia una problemática que preocupa cada vez más a la comunidad. En este contexto, peritos especialistas en ciberdelitos advierten sobre una estadística alarmante: se estima que ocho de cada diez chicos tuvieron algún tipo de contacto con un adulto que suplantó su identidad en entornos virtuales.
Desde el ámbito de la investigación tecnológica remarcan que, si bien la cifra es preocupante, también existe un aspecto positivo dentro del escenario actual: gracias a que los padres controlan más las conversaciones y utilizan aplicaciones de control parental, las situaciones que antes se callaban ahora se denuncian, lo que permite a la Justicia abrir líneas de investigación de manera más rápida.
El modus operandi en los videojuegos
Los expertos señalan que el principal mecanismo de los delincuentes virtuales es ganarse la confianza de los menores de manera progresiva. A través de una relación construida con paciencia y utilizando gustos comunes, buscan obtener fotografías o material íntimo mediante técnicas de manipulación digital.
En ese sentido, las alertas actuales se centran en que los agresores se infiltran frecuentemente en espacios digitales de moda y videojuegos interactivos como Roblox o Free Fire. En estas plataformas, aprovechan que muchos juegos funcionan con monedas virtuales o beneficios especiales y ofrecen objetos, ventajas o armaduras dentro del juego a cambio de entablar una relación con los menores.
Posteriormente, el objetivo del delincuente es trasladar la conversación fuera de las plataformas originales hacia aplicaciones de mensajería como Telegram. «Los entornos de juego y ciertas apps tienen conversaciones cifradas, por lo que resulta mucho más difícil acceder a ellas durante una investigación judicial si no se detectan a tiempo», explican desde el sector informático.
Señales de alerta para los padres
Para contrarrestar esta amenaza, los especialistas recomiendan que los adultos se involucren activamente en la vida digital de los chicos, tengan perfiles propios en las plataformas e incluso jueguen con sus hijos para monitorear los servidores en los que participan.
Además, se detallan cuáles son los principales signos que deben encender las alarmas en el hogar:
- Cambios abruptos en los hábitos cotidianos de los chicos.
- El exceso de tiempo frente a la pantalla o la obsesión con los videojuegos.
- El miedo repentino o la ansiedad al utilizar el celular o la computadora.
- El aislamiento, las conductas que buscan una intimidad excesiva y las modificaciones en el rendimiento escolar.
Finalmente, los expertos recuerdan que este delito es apenas el inicio de una cadena mucho más grave, ya que el grooming puede continuar con la explotación y el abuso sexual infantil, remarcando la necesidad urgente de un acompañamiento y diálogo permanente de los adultos en el entorno tecnológico de los menores.







