Víctor Revilla tiene 45 años, combatió en Irak y Afganistán, y planea cruzar todo el continente a pie escoltado por un carro de tres ruedas. Pasó la noche en Pocito y dialogó sobre los duros desafíos de la ruta.
San Juan es escenario de paso para una de las mayores proezas físicas y mentales de las que se tenga registro en el último tiempo. Víctor Revilla, un ciudadano venezolano de 45 años, exmiembro del cuerpo de Marines de los Estados Unidos y actual residente de Nueva York, se encuentra en la provincia en el marco de un desafío monumental: convertirse en el primer hispano en llegar caminando a Alaska.
La travesía, que comenzó el pasado 10 de enero tras aterrizar en el aeropuerto de Ezeiza, es estrictamente a pie. Escoltado únicamente por un carrito de tres ruedas donde traslada lo mínimo indispensable para sobrevivir, Revilla ingresó a San Juan desde Mendoza. Tras una larga jornada de caminata, pasó la noche del domingo en una estación de servicio ubicada en Ruta 40 Sur y Calle 6 (Pocito), donde aprovechó para descansar, reparar neumáticos y dialogar en exclusiva con los medios locales.
“Mi principal motor es mi mente, mi principal motivador mi padre y en adelante yo y el mundo por recorrer”, confesó el aventurero, reflejando la templanza de quien ya ha mirado de cerca situaciones límite.
Del horror de la guerra al límite de la naturaleza
Físicamente robusto, de 1,75 metros de altura, completamente tatuado y con un manejo fluido de cuatro idiomas (español, inglés, portugués y japonés), Víctor arrastra la disciplina de haber participado en los conflictos armados de Irak y Afganistán. Esa misma experiencia militar fue la que le salvó la vida hace solo unas semanas.
Durante su paso por el tramo chileno de la cordillera, el clima le jugó una mala pasada y sufrió un severo cuadro de hipotermia. “En Chile creí que no avanzaba más, creí que la vida se me terminaba”, relató. Sin embargo, sus conocimientos en supervivencia le permitieron reaccionar a tiempo, estabilizarse y continuar la marcha. El camino no es fácil: le ha tocado dormir bajo puentes, alcantarillas y lidiar con constantes pinchaduras en su carro, contratiempos que se alivian gracias a la incesante solidaridad de la gente que encuentra a la vera de la ruta.
Los grandes obstáculos: el clima y el impenetrable Darién
El objetivo final implica recorrer la legendaria Ruta Panamericana, una distancia aproximada de 30.000 kilómetros que cruza decenas de países. El desafío logístico y biológico es extremo, ya que el cuerpo debe adaptarse al frío subpolar del sur continental, los desiertos, la humedad de las selvas tropicales y, finalmente, la tundra polar de Alaska.
Sin embargo, el obstáculo más complejo de la planificación —la cual le tomó 10 años de maduración— se encuentra en la frontera entre Colombia y Panamá: el Tapón de Darién. Se trata de un bloque de 130 kilómetros de selva virgen y pantanos donde la carretera se interrumpe por completo. Rompiendo el esquema tradicional de los viajeros que cruzan este tramo en barco o avión, el exmarine analiza cómo sortear el área manteniendo la esencia de su proeza a pie.
«Venezuela libre»
Revilla no es ajeno a la realidad política del continente que camina. Al ser consultado sobre su tierra natal, el exmarine celebró abiertamente la fuerte postura de la gestión estadounidense de Donald Trump que derivó en el desplazamiento del régimen de Nicolás Maduro. “Venezuela libre”, enfatizó con convicción durante la entrevista.
Sin compromisos familiares, ni esposa ni hijos que lo esperen en el norte, Víctor calcula que le tomará un total de dos años divisar los carteles de Alaska. Mientras tanto, cada paso de su bitácora puede seguirse a través de su cuenta de Instagram @rutaalaska26, espacio donde interactúa con miles de seguidores que se asombran, día a día, con su determinación.







