Los dos violentos sismos de 7,2 y 7,5 de magnitud ocurrieron con una diferencia de apenas 39 segundos. Hay casi 3.000 heridos confirmados, cientos de edificios colapsados y la ONU estima que el impacto afecta a más de 6 millones de personas. El desgarrador panorama tras los colapsos en La Guaira y Caracas.
Venezuela atraviesa una de las peores catástrofes naturales de su historia reciente. A 48 horas de los devastadores terremotos gemelos que sacudieron la región norte del país el pasado miércoles 24 de junio, el balance de víctimas fatales no para de crecer. En las últimas horas, la presidenta interina, Delcy Rodríguez, confirmó formalmente que la cifra de muertos trepó a 589 y que los heridos ya superan los 2.980, en medio de un escenario crítico marcado por más de 200 réplicas que mantienen en vilo a la población.
El fenómeno, que por su violencia genera conmoción en San Juan—una provincia históricamente sensibilizada por la actividad sísmica—, tuvo características geológicas inusuales. Los expertos explicaron que se trató de un «doble terremoto» de magnitudes 7,2 y 7,5 en la escala de Richter. Ambos movimientos ocurrieron en un lapso de apenas 39 segundos debido a un brusco cambio de tensiones en la zona de contacto entre las placas tectónicas del Caribe y Sudamérica.
Epicentro del desastre e historias que desgarran
El estado costero de La Guaira e importantes zonas de Caracas (como el barrio de San Bernardino y Macuto) concentran el mayor índice de destrucción. El gobierno venezolano decretó a La Guaira como «zona de desastre» y procedió a su militarización para garantizar la seguridad y organizar las tareas civiles. Solamente en ese sector, más de 100 edificios de departamentos se desplomaron por completo.
A medida que los rescatistas remueven los escombros a contrarreloj, comienzan a conocerse historias dolorosas que recorren el mundo. Entre ellas, la muerte de Isabel Jara Noda, delegada del Gobierno de Canarias en Venezuela, cuyo cuerpo fue hallado sin vida bajo su residencia desplomada. También conmovió el caso del futbolista de la liga local Héctor Bello, quien relató que su esposa Andrea falleció atrapada al proteger con su propio cuerpo a su bebé de un año, logrando salvar la vida de la pequeña.
Por su parte, la desesperación también toca de cerca a la Argentina: la familia de Lucas Trejo, otro futbolista argentino residente en La Guaira, es buscada intensamente luego de que el complejo residencial Cumanagotto, donde vivían, quedara completamente reducido a escombros.
Alerta global y flexibilización de bloqueos
Ante el colapso absoluto del sistema sanitario venezolano, donde al menos ocho hospitales sufrieron graves daños estructurales, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) lanzó una alarmante estimación: hasta 6,76 millones de personas se encuentran directamente damnificadas por la falta de servicios básicos, agua y vivienda.
La magnitud de la tragedia obligó a un giro geopolítico inmediato. Estados Unidos anunció el envío de fuerzas militares y equipos especiales de rescate tras una solicitud de asistencia humanitaria efectuada por las autoridades interinas de Venezuela. En sintonía, el Departamento del Tesoro norteamericano flexibilizó temporalmente las sanciones económicas contra el país caribeño para autorizar y agilizar de manera irrestricta todas las transacciones vinculadas a la asistencia y envío de suministros de salud.
Solidaridad en marcha
Durante la madrugada de este viernes, la ayuda internacional masiva comenzó a aterrizar en suelo venezolano. Un puente aéreo coordinado desde Panamá por la Cruz Roja Internacional inició el traslado de más de 40 toneladas de insumos de primera necesidad (kits de higiene, cocina, frazadas y carpas).
Aviones sanitarios procedentes de Alemania, El Salvador y otros países de la región ya operan en las bases aéreas afectadas llevando brigadas de bomberos, médicos forenses, drones de última tecnología y perros especialistas en la localización de personas sepultadas. La delegación venezolana ante la ONU en Ginebra agradeció la respuesta global y admitió que, con 157 personas desaparecidas formalmente registradas y miles de denuncias ciudadanas de personas incomunicadas, «toda forma de solidaridad material y moral resulta esencial en este crítico momento».







