Un informe basado en datos de la Central de Deudores del BCRA advierte que la irregularidad en los créditos alcanzó niveles inéditos desde la salida de la Convertibilidad. La falta de crecimiento en el saldo de financiaciones y la pérdida de acceso al crédito configuran un escenario crítico de devaluación del consumo.
El sistema financiero nacional enfrenta un panorama de profunda preocupación debido al constante deterioro en la capacidad de pago de los tomadores de créditos. De acuerdo con los últimos datos oficiales provistos por la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la irregularidad en las carteras crediticias de las instituciones financieras volvió a registrar un incremento durante el mes de mayo, tocando techos históricos que no se observaban en el país desde la salida de la Convertibilidad.
El informe técnico detalló que la morosidad de las familias argentinas experimentó una suba palpable, pasando del 12,1% registrado en abril al 12,7% al cierre de mayo. Por su parte, en el segmento de las empresas el indicador se ubicó en un 3,5%, empujando el promedio total del sector privado de un 7,3% a un 7,7% en el mismo período.
Especialistas explican que para lograr un descenso real en este porcentaje, el saldo total de las financiaciones dentro del mercado debería expandirse a un ritmo mayor que el de los préstamos en situación de mora. Sin embargo, desde el mes de mayo, el otorgamiento de créditos en pesos se mantuvo prácticamente estancado, siendo únicamente la banca pública la que logró evitar una caída nominal de los saldos.
El fenómeno de la irregularidad no fue un hecho aislado: de las treinta organizaciones bancarias más grandes del país en volumen de préstamos familiares, veintiséis de ellas reportaron índices de mora superiores a los del mes de abril. Asimismo, las instituciones no financieras —que concentran cerca del 17% de los préstamos familiares— sufrieron un impacto drástico, llevando su tasa de morosidad en mayo a un alarmante 32,2%, una cifra que contrasta severamente con el panorama de hace un año, cuando dicho indicador se posicionaba por debajo del 10%.
Al analizar de forma cuantitativa la distribución de la morosidad por segmentos etarios, la investigación judicial y económica del BCRA determinó que la problemática se concentra con extrema gravedad en los sectores más jóvenes de la población:
- Menores de 35 años: El 40% de los jóvenes que poseen deudas vigentes dentro o fuera del circuito de entidades financieras tradicionales registra al menos un préstamo en situación irregular u ostenta serias dificultades de pago.
- De 36 a 45 años: La masa de morosidad desciende levemente, afectando al 31% de este universo de deudores.
- De 46 a 55 años: El segmento registra un índice de irregularidad del 23,5% de su cartera activa.
Frente a la proximidad de los comicios del año entrante, proyecciones de consultoras privadas estiman que el crédito enfocado en el consumo familiar difícilmente logre reactivarse y oficie como un motor relevante para dinamizar la actividad económica nacional. Los factores determinantes detrás de este diagnóstico radican principalmente en la alta proporción de deudores en situación de atraso persistente y la consecuente pérdida de acceso a nuevas vías de financiamiento bancario por parte de los particulares.
No obstante, desde la cúpula directiva del Banco Central, actualmente bajo la conducción de Werning, se mantiene la hipótesis de que la morosidad del sistema financiero habría tocado su techo técnico durante este segundo trimestre del año. A pesar de esa proyección optimista, las autoridades monetarias reconocen explícitamente que la estabilización de los indicadores quedará atada de forma directa a la evolución general de la economía y a la recomposición de los ingresos familiares necesarios para cancelar las deudas pendientes.







