La economía argentina cerró el mes de junio con una señal de alerta que marca un cambio de ciclo. Tras una primera mitad de año caracterizada por la estabilidad cambiaria y la calma, el dólar registró un avance del 5%, alcanzando así su cotización más elevada en los últimos siete meses. Este movimiento, que se sitúa significativamente por encima de la inflación estimada para el periodo, proyectada en un 2% o menos, parece haber confirmado que la moneda estadounidense encontró un nuevo piso, dejando atrás el letargo del semestre anterior.
El trasfondo de esta escalada responde a una conjunción de factores previsibles y coyunturales. En primer lugar, se observa una marcada desaceleración en el ingreso de divisas. El sector agropecuario, que fue el gran motor de exportaciones durante el primer cuatrimestre, ha moderado su ritmo, fenómeno que se repite en el sector corporativo, donde la menor colocación de deuda en el mercado internacional ha restringido la entrada de dólares al circuito local.
A este escenario se suman presiones externas y estacionales de peso. La disputa del Mundial 2026 ha generado una demanda sostenida de moneda extranjera, mientras que el impacto del conflicto en Medio Oriente ha dejado una huella tangible: con un crudo que ha bajado a unos 74 dólares por barril, la recaudación por exportaciones de petróleo ha caído, reduciendo el ingreso de divisas. Asimismo, el pago del medio aguinaldo en el mercado interno actuó como un catalizador, incrementando la demanda de los ahorristas.
Los resultados son elocuentes. Durante junio, el volumen operado en el Mercado Libre de Cambios alcanzó su punto máximo en las últimas 24 ruedas, lo que demuestra que el mercado se ha movilizado con fuerza. Informes de firmas como Portfolio Personal Inversiones reflejan que la tendencia es clara. Si bien el Banco Central ha moderado sus intervenciones para evitar mayores distorsiones, la realidad es que el mercado cambiario ha entrado en una fase de mayor dinamismo.
De cara al futuro inmediato, la conclusión de los especialistas es que esta tendencia no es un hecho aislado. El economista Camilo Tiscornia advierte que, si bien el ajuste podría no ser lineal, el comportamiento de junio marca una clara tendencia alcista para el segundo semestre. La estabilidad que muchos daban por sentada ha llegado a su fin, dando paso a una nueva etapa donde el dólar busca consolidar un valor superior en un mercado que, a todas luces, ya no es el mismo que hace apenas treinta días.







