La decisión de la FIFA de retirar la fecha de suspensión al goleador de Estados Unidos, Folarin Balogun, tras su expulsión frente a Bosnia-Herzegovina, ha provocado un terremoto institucional. A pocas horas del duelo de octavos de final contra Bélgica, la UEFA emitió un contundente comunicado calificando la medida como un precedente peligroso.
Los puntos más relevantes de la controversia son:
«Cruzó una línea roja»: Así definió la entidad europea la decisión de suspender, por un período de prueba de un año, la aplicación de la sanción automática por tarjeta roja. La UEFA sostiene que este tipo de castigo no es discrecional ni admite interpretaciones, siendo una regla fundamental para garantizar la integridad de la competencia.
Quebranto de la igualdad de trato: El organismo denunció que, dado que otros jugadores fueron sancionados normalmente durante el torneo, alterar la norma ahora rompe la equidad del Mundial.
Incredulidad europea: La UEFA concluyó su postura manifestando su «incredulidad ante una decisión tan sin precedentes, incomprensible e injustificable», advirtiendo que la medida debilita la credibilidad de la FIFA a nivel global.
Por su parte, el entrenador de Estados Unidos, Mauricio Pochettino, celebró la resolución calificándola como «fantástica para el fútbol», argumentando que la expulsión original fue una «injusticia». El caso, que contó incluso con el respaldo del presidente Donald Trump, marca un punto de inflexión en la gestión reglamentaria de la Copa del Mundo 2026.







