El presidente Emmanuel Macron y el propio capitán de los Bleus repudiaron los ataques de la legisladora Celeste Amarilla. La Cancillería paraguaya se desmarcó de los dichos y aseguró que no representan al país.
El triunfo de la selección de Francia por 1-0 ante Paraguay en los octavos de final del Mundial 2026 escaló rápidamente de una disputa futbolística a un severo conflicto diplomático. El Palacio del Elíseo, el gobierno paraguayo y el propio Kylian Mbappé salieron al cruce tras las duras e inéditas expresiones racistas vertidas en redes sociales por la senadora paraguaya Celeste Amarilla.
El detonante fue el partido disputado el pasado sábado en Filadelfia, que culminó con la eliminación de la Albirroja tras un gol de penal de Mbappé. Poco después, la legisladora utilizó su cuenta en la red social X para lanzar una serie de ataques cargados de xenofobia y discriminación contra el astro francés.
«Camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés, resentido, rico nuevo, prepotente y feo», escribió Amarilla en uno de sus posteos. En una publicación posterior, la senadora continuó con los agravios calificándolo de «bruto» y asegurando que «lo más instruido que escuchó fueron chimpancés», además de lamentar que los futbolistas de su país no le hubieran propinado «una bofetada de mano abierta» al finalizar el encuentro.
Firme repudio desde París
La reacción del gobierno francés no se hizo esperar. Este lunes, el Palacio del Elíseo confirmó que el presidente Emmanuel Macron manifestó su total apoyo al capitán de la selección frente a estos «ataques racistas».
Por su parte, la ministra de Deportes de Francia, Marina Ferrari, calificó las declaraciones de la legisladora como «abyectas, indignas e inaceptables».
«Frente al racismo, no permaneceremos en silencio. Al atacar a Kylian Mbappé, la senadora ataca todo lo que encarna nuestro capitán y todo lo que defiende nuestro país: la libertad, la igualdad y la fraternidad», enfatizó la funcionaria a la prensa.

La contundente respuesta de Mbappé
El propio Kylian Mbappé rompió el silencio con un fuerte comunicado en sus redes sociales, dirigido directamente a la política paraguaya. «Usted es una mujer despreciable e indigna de su cargo», disparó el delantero del Real Madrid.
«Usted no representa a Paraguay, ese país que ha derrochado pasión y honor a lo largo de toda la competición. Por su inconsciencia y su racismo desinhibido, el mundo entero ya ha olvidado el recorrido y el esfuerzo histórico que sus jugadores realizaron durante esta Copa del Mundo, para dejar lugar a una dama incompetente que ofrece la peor imagen posible de su país», sentenció el futbolista en un mensaje ampliamente replicado a nivel global.
Asunción se desmarca de la polémica
Ante la gravedad de la situación, el gobierno de Paraguay —dirigido técnicamente en lo deportivo por Gustavo Alfaro— se apresuró a tomar distancia de las declaraciones de Amarilla para evitar un quiebre en las relaciones bilaterales.
El Ministerio de Relaciones Exteriores paraguayo emitió un comunicado oficial en el que subrayó que las expresiones de la senadora «son contrarias a los valores y principios que inspiran la convivencia pacífica y el respeto a la dignidad humana». Asimismo, aclararon de forma tajante que «de ninguna manera representan la posición del Gobierno de la República del Paraguay ni del pueblo paraguayo». El propio presidente del país sudamericano envió una carta formal a Macron disculpándose y condenando el episodio.
Un historial de controversias
No es la primera vez que Celeste Amarilla —conocida en el ámbito político paraguayo por su estilo confrontativo y sus polémicas autodefiniciones mediáticas— protagoniza un cruce de esta índole. En el año 2021, la legisladora ya había estado en el centro de las críticas tras calificar de forma despectiva a la reina Letizia de España como una «periodista devenida en reina» durante una visita oficial a Asunción.
El caso reactiva las alarmas de los organismos internacionales de fútbol y de los gobiernos sobre la proliferación de discursos de odio y el racismo en el deporte, esta vez agravado por provenir de una alta funcionaria del poder legislativo de una nación.







