El contexto económico ajusta los bolsillos, pero las familias mantienen el alquiler y las expensas al tope de sus prioridades.
La crisis económica continúa moldeando los hábitos de consumo de los hogares sanjuaninos. En un escenario de alta presión inflacionaria y salarios que no logran seguir el ritmo de los precios, ha surgido una tendencia clara entre quienes alquilan: una estricta jerarquización de los gastos básicos.
Según advierten desde el sector inmobiliario local, la mayoría de los inquilinos mantiene un cumplimiento ejemplar en lo que respecta al pago del alquiler mensual y las expensas. El motivo central es el temor a perder la vivienda y la conciencia sobre el funcionamiento básico de los edificios.
La expensa se consolidó como un gasto intocable. Para el inquilino promedio, se trata de una herramienta de supervivencia del inmueble. Existe una conciencia colectiva sobre que la expensa sirve para cumplir con servicios fundamentales. El razonamiento es sencillo: si los vecinos no pagan, no hay presupuesto para la luz de los espacios comunes, el mantenimiento del ascensor, la limpieza o el funcionamiento de las bombas de agua.
El resultado es un fenómeno de pagos diferidos. Las familias priorizan el techo y el mantenimiento elemental del edificio, relegando el pago de boletas de servicios básicos. Esta estrategia, aunque permite sostener la vivienda en el corto plazo, refleja la delicada situación que atraviesan las familias sanjuaninas para mantener al día sus obligaciones.







