El recrudecimiento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán, sumado a agresiones a buques petroleros, impulsó el precio del petróleo a máximos de dos semanas. Los mercados financieros globales reaccionan con caídas ante el temor del desabastecimiento.
Los mercados energéticos globales volvieron a encender las alarmas este miércoles tras registrarse una fuerte suba en el precio internacional del petróleo. El detonante directo ha sido la renovada escalada de tensión geopolítica en Medio Oriente, marcada por nuevos roces diplomáticos y militares entre Estados Unidos e Irán, y una serie de ataques contra embarcaciones comerciales en el estratégico Estrecho de Ormuz, una vía marítima clave por la que circula una quinta parte del petróleo y gas mundial.
Al cierre de las operaciones, el barril de West Texas Intermediate (WTI) —referencia para el mercado estadounidense— avanzó un 5,4%, situándose en 74,23 dólares. Por su parte, el crudo Brent —referente para Europa y los mercados internacionales— subió un 5,3% hasta alcanzar los 78,09 dólares por barril. Con este repunte, ambos indicadores hilan dos jornadas consecutivas de marcadas alzas y tocan sus valores más altos en las últimas dos semanas.
Fin del acuerdo energético y ataques en el mar
La mecha económica se encendió luego de que el gobierno de Estados Unidos revocara una licencia provisional que permitía a Irán comercializar su crudo en los mercados internacionales a cambio de dólares. Esta decisión de Washington se produjo como represalia directa ante los recientes incidentes de seguridad reportados en la región del Golfo.
La incertidumbre de los inversores se tornó en preocupación real al confirmarse el ataque a tres buques en el Estrecho de Ormuz. Según informes del Centro de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido, un buque petrolero sufrió un impacto directo y se incendió frente a las costas de Omán, mientras que otras dos embarcaciones sufrieron daños menores pero lograron continuar su trayecto.
Paralelamente, la televisión estatal iraní reportó el ataque a un buque cargado con gas natural licuado (GNL) argumentando que este habría ignorado las advertencias de las autoridades de Teherán. Si bien el régimen iraní no se adjudicó formalmente las agresiones, mantiene una postura firme de controlar y supervisar las rutas del estrecho e imponer tasas de tránsito, una medida rechazada de plano por Estados Unidos y las potencias árabes vecinas.
Expertos internacionales, como Andreas Krieg del King’s College de Londres, señalan que estas acciones representan un claro «mensaje político y estratégico» de Irán, advirtiendo que no tolerará alternativas a su supervisión en la zona.
Impacto adverso en las bolsas globales
El temor a que este conflicto bloquee el suministro de hidrocarburos y golpee el crecimiento económico mundial se trasladó de inmediato a las principales plazas financieras, golpeando con fuerza a los mercados asiáticos.
El índice Kospi de Corea del Sur cayó más de un 1%, arrastrando consigo a gigantes tecnológicos como Samsung, cuyas acciones retrocedieron a pesar de haber proyectado excelentes beneficios operativos impulsados por el auge de los chips de inteligencia artificial. Las bolsas de Tokio, Shanghái, Sídney, Singapur, Wellington y Taipéi también cerraron en terreno negativo, siendo Hong Kong la única plaza importante que logró desmarcarse con un avance superior al 1%.
Analistas financieros coinciden en que el foco de Wall Street y del resto de los mercados mundiales se ha desplazado temporalmente de los balances corporativos para concentrarse de lleno en la evolución del escenario geopolítico en Medio Oriente, el cual será determinante para el rumbo de la economía en los próximos días.







