Redaccion por Santiago Riveros Oliva
Hay negocios que son más que un simple intercambio de bienes y servicios. Son historias, legados y, sobre todo, la manifestación física del esfuerzo de generaciones. En el corazón de San Juan, un nombre resuena con fuerza cuando se trata de celebraciones y disfraces: Garabatos. Detrás de este icónico local, hoy nos encontramos con Melina Villegas, una mujer que no solo heredó una empresa, sino que la reinventó con una pasión y visión propias.
Nuestra charla comienza con un viaje al pasado. Melina nos cuenta, con una sonrisa que denota orgullo y nostalgia, cómo nació todo. «Es una empresa familiar. Arranca mi mamá en el fondo de mi casa con una máquina haciendo uniformes escolares», relata. Lo que comenzó como una respuesta a la necesidad de los vecinos («necesito una camperita, un buzo, un pantalón») pronto encendió una chispa creativa. Con la llegada de los primeros pedidos de disfraces, su madre vio una oportunidad: «Voy a empezar a alquilar disfraces porque ella lo fabricaba». Así, entre telas y costuras, nació la semilla de Garabato.
Melina creció respirando ese ambiente de creación constante. «Yo era chica», recuerda, pero pronto, con la secundaria, llegó la colaboración: «Yo le ayudaba a ella en cosas o atender, porque el fondo le empezó a quedar chico». Fue el primer indicio de lo que vendría. Aunque la vida la llevó inicialmente por otros caminos —intentó seguir los pasos médicos de su padre o explorar la kinesiología—, la cursada le demostró que su verdadero lugar estaba en otro lado. «Me di cuenta que no me gustaba», confiesa. Su destino estaba escrito en el ADN de Garabato.
Hoy, Melina Villegas no es solo una propietaria; es la fuerza motriz que mantiene viva la magia. Su día comienza temprano, mucho antes de que se levanten las persianas del local, con una rutina de entrenamiento de fuerza que «ama» y que le da la energía necesaria para liderar. Luego, en el negocio, arranca la jornada, donde el desayuno es solo el combustible para un día lleno de desafíos.
Garabatos, hoy es una evolución de aquel taller familiar. Bajo la dirección de Melina, el local se ha consolidado como el referente indiscutido en San Juan para alquiler y venta de disfraces, accesorios y todo lo necesario para que grandes y chicos den rienda suelta a su imaginación. Su enfoque combina la calidad artesanal heredada de su madre con una visión moderna del mercado, asegurando que cada cliente encuentre no solo un disfraz, sino una experiencia inolvidable.
Pero Garabato es más que un negocio; es un capítulo de la comunidad sanjuanina. Melina entiende la importancia de su rol y trabaja incansablemente para que su empresa sea un reflejo de los valores sanjuaninos: esfuerzo, creatividad y pasión. En cada celebración, en cada sonrisa de un niño vestido de superhéroe o en cada adulto que se reencuentra con su niño interior, está el espíritu de Melina Villegas y el legado de su familia.
Al cerrar nuestra charla, queda claro que Melina Villegas no solo arquitecta sueños, sino que los hace realidad, un «Garabato» a la vez. Su historia es un recordatorio poderoso de que, con pasión y dedicación, incluso los trazos más simples pueden convertirse en obras de arte que transforman vidas y celebraciones. Y en San Juan, Garabatos sigue siendo el lienzo donde esos sueños toman forma.







