El comisario general Gustavo Nicola, director de Operaciones de la Federación de Bomberos Voluntarios de Villa María, dialogó con Radio Colón tras su regreso al país. Detalló las complejidades del rescate en el epicentro de la catástrofe, el funcionamiento del sistema internacional USAR y las difíciles vivencias humanas en las zonas afectadas.
El contingente de brigadistas argentinos que viajó en misión humanitaria a Venezuela tras el devastador terremoto ya se encuentra de regreso en el país. Entre ellos, tuvo una participación fundamental el personal de la provincia de Córdoba. En una entrevista exclusiva con Radio Colón, el comisario general Gustavo Nicola, titular de la Dirección de Operaciones de la Federación de Bomberos Voluntarios de Villa María, relató los pormenores de las tareas desarrolladas en el terreno y describió la compleja realidad social y operativa con la que se encontraron.
El trabajo en el epicentro y la crudeza de la emergencia
Nicola precisó que al personal cordobés le tocó intervenir directamente en la zona de La Guaira, lugar que fue identificado como el epicentro del movimiento sísmico. El comisario admitió que la magnitud del desastre superaba lo previsible: «Uno se capacita y se prepara para atender distintas intervenciones, pero cuando llega algo tan dantesco como esto, a veces no se tiene dimensión de lo que se ve por televisión a lo que uno ve cuando llega al destino».
El brigadista explicó que, debido al tiempo transcurrido entre el suceso y la llegada del contingente, las expectativas de hallar sobrevivientes se habían desvanecido en el sector asignado. «El objetivo nuestro era rescatar personas con vida, pero lamentablemente, por el tiempo que transcurrió, ya eso se había desvanecido. Terminamos haciendo recuperaciones de cuerpos, no pudimos encontrar a nadie con vida», lamentó el funcionario.
El protocolo de las fases USAR y la «miseria humana»
Durante la charla, el jefe de operaciones detalló la metodología de trabajo internacional bajo la cual se rige la Brigada USAR Argentina 10 (la primera acreditada del país). Explicó que la emergencia consta de varias etapas: la primera de rescate rápido en superficie (USAR 1), seguida por la etapa de búsqueda y localización técnica en estructuras colapsadas (USAR 2), donde se trabaja leyendo las señalizaciones dejadas por los primeros equipos sobre la posible ubicación de víctimas en subsuelos o plantas colapsadas. Actualmente, los equipos pesados ya operan en la fase de remoción y limpieza (USAR 5).
Sin embargo, más allá de las dificultades técnicas y los riesgos de derrumbe, Nicola enfatizó que el desafío más complejo fue lidiar con el entorno social y el quiebre de la convivencia comunitaria con el correr de los días:
“Las imágenes son bastante impactantes, pero además, allá ves un montón de cosas… te pasan sentimientos muy encontrados. En la primera etapa es todo solidaridad y empatía, pero van pasando los días y empieza la miseria humana. Trabajar con la miseria humana es lo peor que hay”, reflexionó con crudeza el comisario.
El entrevistado relató situaciones extremas de abuso y oportunismo, donde particulares con recursos económicos alquilaban de forma privada maquinarias pesadas para priorizar sus fincas, relegando las zonas de menores recursos. Incluso mencionó que personas locales intentaban lucrar con la desesperación ajena «alquilando» o intermediando con las brigadas de rescate a cambio de dinero, o robando herramientas de los campamentos para revenderlas o alquilarlas a precios exorbitantes debido a la escasez.
El apoyo institucional y el contraste con la capital
A pesar de las hostilidades del entorno en las zonas de desastre, el jefe de la delegación destacó el excelente trato brindado por las autoridades del gobierno venezolano y el ejército, quienes garantizaron la seguridad, el racionamiento y el soporte logístico durante los siete días de operatividad en el lugar. Asimismo, señaló que el cargamento de más de 2.000 kilos de comida termoestabilizada y los medicamentos que la brigada argentina llevó junto al apoyo de la provincia de Santa Fe fueron donados en su totalidad a los damnificados locales.
Finalmente, Nicola describió el llamativo contraste geográfico y social que percibieron respecto de la capital del país, Caracas. Según le transmitían los habitantes locales, mientras en las zonas del desastre persistía el caos y el dolor, a pocos kilómetros la vida urbana parecía transcurrir con total normalidad, con confiterías llenas y la atención pública volcada plenamente al desarrollo del Mundial de fútbol. «Llega a ser un momento que la gente empieza a pensar que ya es problema del otro, no nuestro problema. Si no lo veo o no estoy cerca, no dejo de hacer mi vida», concluyó el rescatista sobre la complejidad del comportamiento humano ante este tipo de catástrofes.







