Tras reconocer los hechos y pactar con la fiscalía de la UFI Genérica, Carlos Páez y su hijo Azarías obtuvieron penas de ejecución condicional. El remisero Alejandro Rodríguez continúa internado en terapia intensiva tras recibir un disparo de calibre 45 debido a una violenta interna entre barras de San Martín.
La investigación penal preparatoria por el intento de homicidio del remisero Alejandro Ismael Rodríguez avanzó de forma definitiva este jueves con un desenlace que causó gran impacto. Durante la audiencia formal ante el juez de Garantías Mariano Carrera, los dos principales detenidos por el brutal ataque —Carlos Maximiliano Páez y su hijo Azarías Aron Páez— reconocieron su autoría en el hecho y alcanzaron un acuerdo de juicio abreviado con el Ministerio Público Fiscal, lo que les permitirá evitar la prisión efectiva tras pactar una pena de cumplimiento condicional.
La causa penal, impulsada por el fiscal Daniel Pringles de la UFI Genérica, reconstruyó la secuencia de violencia extrema ocurrida la noche del pasado 9 de julio, alrededor de las 21:00 horas, en el interior de Villa El Salvador, departamento Chimbas. Según la acusación oficial, Rodríguez se encontraba trabajando a bordo de su Fiat Siena cuando, tras dejar un pasaje en las cercanías, fue interceptado en el trayecto por los Páez, quienes se movilizaban en un Volkswagen Voyage. Tras cercarle el paso, le gritaron «¡¿Ahora qué?!» y le efectuaron un disparo directo a quemarropa con una pistola calibre 45 antes de darse a la fuga. La bala ingresó por la zona inguinal de la víctima, quien debió ser operada de urgencia y permanece estable en terapia intensiva.
Un trasfondo de amenazas y barras del «Verdinegro»
La defensa técnica de los imputados estuvo a cargo del abogado Gustavo De la Fuente, quien recientemente regresó a la actividad tras su sobreseimiento en un expediente federal por trata de personas. Durante la exposición de las evidencias, la fiscalía dejó asentado que el violento enfrentamiento no fue un hecho aislado, sino la escalada final de reiteradas peleas y amenazas de vieja data entre los hermanos Páez y la familia de la víctima.
La principal hipótesis de los investigadores conecta directamente este sangriento ataque con viejos conflictos personales entre facciones vinculadas a la hinchada del Club Atlético San Martín. Sin embargo, las autoridades judiciales aclararon que, por el momento, no existen elementos probatorios que indiquen que la seguidilla delictiva esté motivada de forma específica por la disputa o el control de la barra oficial del «Verdinegro». Cabe destacar que Carlos Maximiliano Páez ya contaba con antecedentes en la provincia: había sido detenido y allanado tiempo atrás en la megacausa de los «Robaruedas», expediente del cual terminó sobreseído por falta de pruebas.
Represalia con armas de fuego y una bomba casera
El caso penal también engloba un segundo episodio de extrema violencia que se desató pocas horas después de que el remisero fuera baleado. Durante la madrugada del 10 de julio, un grupo de desconocidos baleó el frente de la vivienda de la familia Páez en Chimbas y arrojó contra el inmueble una bomba incendiaria tipo molotov que, afortunadamente, no llegó a explotar.
Para la UFI interviniente, este atentado nocturno constituyó una clara y directa represalia de allegados a Rodríguez por el intento de homicidio. En tanto, las medidas procesales continuarán activas en las próximas horas debido a que en el expediente aparece mencionado Thiago Páez, otro de los hijos de Carlos Maximiliano, quien sigue bajo estricta sospecha de los sabuesos policiales pero se mantiene prófugo y sin ser detenido.







