En la antesala del choque decisivo frente a España por el Mundial 2026, los jugadores y el cuerpo técnico compartieron una cena distendida en la concentración de Nueva Jersey. Lejos de las presiones de la alta competencia, el plantel reforzó su unión grupal detrás de las brasas, repitiendo la cábala gastronómica que precedió a todas las consagraciones de la era Scaloni.
Las brasas que forjan la unión del grupo
La preparación de la Selección Argentina para la gran final del mundo no solo se juega en las pizarras tácticas o en las intensas pasadas físicas sobre el césped. En el búnker nacional en los Estados Unidos, los lazos humanos y la fortaleza psicológica del grupo ocupan un rol central, y no hay mejor catalizador para ello que el tradicional asado argentino. La delegación completa disfrutó de una velada bien criolla, transformando la cena del viernes en un espacio de risas, anécdotas y distensión de cara al partido del domingo.
Esta costumbre, lejos de ser una simple cena de camaradería, se ha convertido en una marca registrada e inalterable del ciclo conducido por Lionel Scaloni. Los asados compartidos un par de noches antes de los partidos definitorios funcionaron como el combustible anímico ideal en la Copa América de Brasil, en la Finalissima de Londres y en el búnker de la Universidad de Qatar. Para esta ocasión, la utilería de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) garantizó el traslado de cortes de carne autóctonos de exportación y parrillas portátiles para recrear el ambiente exacto de un domingo en el país.
Risas, truco y la arenga silenciosa
El trasfondo de estos encuentros permite observar la comunión entre los referentes más experimentados del plantel y las jóvenes promesas que dan sus primeros pasos en citas de semejante magnitud. Tras la cena, las mesas se poblaron con los clásicos campeonatos de truco, rondas de mate y charlas individuales donde se reaviva el compromiso colectivo de ir por la cuarta estrella mundialista.
«El asado en la Selección es sagrado porque rompe la rutina de los hoteles y las presiones de la prensa. Es el momento donde el grupo se mira a los ojos como amigos que juegan en el barrio, y esa es la mayor fortaleza que luego se traslada adentro de la cancha», revelaron allegados íntimos a la delegación que preside Claudio «Chiqui» Tapia.
Con el estómago lleno y el corazón contento, el seleccionado nacional cerrará este sábado su último entrenamiento táctico en el estadio, dejando la mesa servida para un domingo que promete paralizar a todo el pueblo argentino.







