Redacción por Santiago Riveros Oliva
Cada sábado a las 22:00 hs nos encontramos en el aire de Radio Colón para hacer Ayer y Hoy, un espacio donde nos sentamos a charlar, café de por medio, con las historias de vida que laten en nuestra provincia. Pero el último programa tuvo una energía distinta. Debo confesar que, cuando la producción me confirmó que venían los propietarios de ArtePan, me armé un prejuicio en la cabeza: me imaginaba a empresarios de traje, quizás de avanzada edad, manejando los hilos de una marca con sucursales en Pocito, Rawson, Chimbas y Capital.
Qué equivocado estaba. Al estudio entraron Alejandra Luna y Adrián Martínez: dos «niños» de 43 años, socios en los negocios y compañeros en la vida, con una frescura y una humildad que te desarman desde el primer minuto.
Durante la charla, mientras el micrófono estaba abierto, sentí que hacíamos un viaje en el tiempo que me erizó la piel más de una vez. Hoy quiero contarles, desde mi lado del mostrador del programa, cómo viví la experiencia de escuchar a estos «dos locos motivados».
El banquito de Adrián y las fotos que duelen
Escuchar a Adrián hablar de sus raíces me hizo entender por qué la gente ama sus productos. Me conmovió la imagen mental de un Adrián de apenas cinco años, subido a un banquito de madera para poder llegar a la mesa y ayudar a su papá a armar semitas. Su viejo, que había empezado en el rubro recién a los 42 años tras dejar la construcción, amasaba a mano en la casa, mientras su mamá salía a vender a pie con un bolsito costurado por ella misma.
Pero lo que realmente me dejó helado fue cuando Adrián me mostró fuera del aire una foto de su casamiento. ¡Tenía la mano izquierda completamente vendada! Justo antes de dar el «sí», preparando un pedido de saborizados, una máquina sobadora que andaba al revés le succionó la mano. Terminó con 40 puntos de sutura y casi pierde la mano. Que esa foto de bodas, con la mano vendada y el traje puesto, sea el recuerdo de su inicio como pareja, te habla del nivel de resiliencia de esta gente. No se achican con nada.
Del «parripollo» al ultimátum de los mellizos
Como entrevistador, siempre busco el momento de quiebre en las historias, y el de ellos fue durísimo. Me contaron con una crudeza total que en sus inicios vivían al día. Dependían de vender diez tortitas para tener monedas para el colectivo o para comer. Pasaron por mil rubros: vendieron ropa, pusieron un parripollo, un almacén, y hasta abrieron locales de panadería que tuvieron que cerrar.
La frustración era tan grande que Ale se había plantado: «No quiero saber más nada con las panaderías». Pero la vida los desafió aún más con la llegada de sus mellizos. En ese momento límite, Ale tomó las riendas y le tiró a Adrián una frase que fue un verdadero ultimátum: «Si querés hacer plata, aprovéchame ahora. Le vamos a meter y lo vamos a lograr».
Vendieron lo único que tenían (una camioneta) para arrancar de nuevo. Adrián me confesó que trabajaba sin horarios, mañana, tarde y noche, y que al mes terminó internado por el cansancio extremo. Pero el motor ya estaba en marcha.
Ángeles en el camino y el cambio de chip
Uno de los momentos más lindos de la noche fue cuando hablamos de cómo la vida te premia si no bajás los brazos. Me contaron sobre la aparición de su «ángel», José, un colega panadero que vio el potencial de Adrián y le ofreció alquilarle su local en Rawson, un negocio gigante comparado con lo que ellos manejaban.
Ahí vino el gran salto de ArtePan, pero sobre todo, el salto mental. Ale le enseñó a Adrián a romper con la mentalidad de escasez. Me reía en el estudio cuando recordaban que Adrián se quejaba si veía «solo tres clientes» en el local, y ella le cambiaba el chip: «¡No te quejes! Agradecé que hay tres personas eligiendo comprarnos hoy». Ese cambio de enfoque transformó un humilde despacho de pan en la cadena que hoy todos los sanjuaninos elegimos.
Lo que me guardo para mí
Cuando terminamos el bloque y apagamos los micrófonos para ir a la tanda de las noticias y la previa del Mundial, nos quedamos charlando un buen rato. Me quedé pensando mucho en la frase con la que Adrián cerró sus consejos para los emprendedores sanjuaninos: «Más vale estar dispuesto que estar preparado».
Ellos nunca tuvieron una gran billetera detrás ni la estructura perfecta, pero les sobraba disposición, hambre de crecer y un amor enorme por lo que hacen. Se complementan de una forma increíble: ella es la mente creadora que no tiene techo, y él es la fuerza que la acompaña y dice «dale, vamos».
Qué placer enorme me da usar el aire de mi programa para mostrar estas realidades de nuestra provincia. Gracias, Ale y Adrián, por recordarnos que las cosas grandes en San Juan se construyen así: con trabajo, con la frente en alto y, por supuesto, con la mejor semita de la provincia en la mesa.
¡Nos encontramos el próximo sábado a las 22:00 hs para seguir descubriendo las historias que nos definen!







