El aumento del sobreendeudamiento en las familias argentinas trajo consigo un fenómeno preocupante: la proliferación de conductas abusivas por parte de estudios de cobranza. Llamados constantes, presiones a familiares e intimaciones agresivas forman parte de la pesadilla diaria de miles de morosos.
Detrás de las frías estadísticas sobre morosidad e inflación se esconde un drama humano y social en constante crecimiento. En los últimos meses, el incremento de las deudas en créditos de consumo y tarjetas de crédito dejó a miles de familias sin margen de pago, desatando una agresiva reacción por parte de los servicios de gestión de cobro tercerizados.
Expertos y entidades de defensa al consumidor advierten por la multiplicación de denuncias vinculadas con métodos extorsivos de cobro: embargos inexistentes anunciados por teléfono, escrachar a deudores ante sus empleadores o familiares y el uso del hostigamiento sistemático como herramienta de presión psicológica.
Un límite ético y legal desbordado
El endurecimiento en las estrategias de cobro puso sobre la mesa la vulnerabilidad de las personas endeudadas:
- Hostigamiento telefónico y social: Diversos usuarios reportan recibir decenas de llamadas automáticas diarias, además de mensajes dirigidos a sus ámbitos laborales o allegados para generar vergüenza y forzar el pago.
- Amenazas infundadas: Es habitual la utilización de terminología jurídica engañosa, anunciando «remates inminentes» o «inicios de juicio» inexistentes para infundir temor en deudores sin asesoramiento legal.
- Impacto psicológico y deudas en cadena: El acoso permanente deriva en cuadros de ansiedad y aislamiento social, llevando en muchos casos a las familias a tomar nuevos préstamos informarles o de tasas usureras para cancelar compromisos anteriores.
Especialistas remarcan la importancia de conocer los derechos del consumidor, recordando que la Ley 24.240 prohíbe explícitamente las prácticas que coloquen a los deudores en situaciones vergonzantes, vejatorias o intimidatorias.







