el complejo de khondab fue alcanzado en dos fases y la planta de ardakan también sufrió impactos; no se reportaron víctimas ni fugas radiactivas mientras crece la tensión en el estrecho de ormuz
En un movimiento que marca una de las escaladas militares más graves en la región durante los últimos años, fuerzas combinadas de Estados Unidos e Israel ejecutaron este viernes una serie de ataques aéreos de precisión contra instalaciones críticas del programa nuclear de Irán. La ofensiva, confirmada tanto por fuentes de inteligencia occidentales como por agencias oficiales de Teherán, tuvo como objetivos primordiales un reactor de agua pesada en la provincia de Markazi y una planta de procesamiento de uranio en el centro del país.
Los objetivos estratégicos Según informó la agencia de noticias iraní Fars, el complejo de agua pesada de Khondab fue alcanzado en «dos fases consecutivas». Hassan Ghamari, funcionario de la provincia central de Markazi, calificó la operación como una agresión directa del «enemigo estadounidense y sionista». Casi simultáneamente, la Organización de Energía Atómica de Irán (OEAI) reportó a través de sus canales oficiales que la planta de procesamiento de uranio de Ardakan, situada en la provincia de Yazd, también fue blanco de los proyectiles.
A pesar de la magnitud de las explosiones, que generaron columnas de humo visibles a varios kilómetros, los primeros peritajes de la OEAI aseguran que no se ha producido la liberación de material radiactivo ni existen riesgos de contaminación para las poblaciones circundantes. Asimismo, las autoridades locales indicaron que, milagrosamente, no se registraron víctimas fatales en los perímetros de las instalaciones.
Tensión máxima en el Estrecho de Ormuz Este ataque no ocurre de forma aislada, sino en el marco de una asfixia logística en las rutas comerciales más importantes del mundo. Horas antes del bombardeo, la Guardia Revolucionaria de Irán confirmó la interceptación de tres buques portacontenedores de diversas nacionalidades que intentaban cruzar el Estrecho de Ormuz. Teherán ha declarado oficialmente que la ruta está cerrada para cualquier embarcación que se dirija o provenga de puertos pertenecientes a «aliados y simpatizantes de los enemigos sionistas-estadounidenses».
La firma de inteligencia energética Kpler identificó que dos de los buques interceptados pertenecen a la naviera china COSCO, los cuales se vieron obligados a dar la vuelta tras las advertencias de la Armada iraní. Esta situación ha puesto en alerta máxima a los mercados internacionales, dado que por este estrecho transita aproximadamente una quinta parte del petróleo que consume el planeta.
La postura de Washington y Tel Aviv Desde los Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha mantenido una postura de «presión máxima». A través de sus redes sociales, el mandatario anunció recientemente una prórroga de su ultimátum a Irán hasta el 6 de abril para que reabra el estrecho, amenazando con destruir la infraestructura energética del régimen si no se cumplen sus demandas. Aunque Trump mencionó que «las conversaciones continúan», la acción militar de hoy sugiere que la vía diplomática está al borde del colapso.
Por su parte, el Ministerio de Defensa de Israel ha dejado claro que la ofensiva podría intensificarse. El gobierno israelí sostiene que el complejo de Khondab y la planta de Ardakan son piezas fundamentales en el esfuerzo de Irán por alcanzar una capacidad de armamento atómico, algo que el Estado judío ha jurado impedir por todos los medios necesarios.
El mundo observa con cautela este nuevo capítulo de hostilidades, mientras el precio del crudo comienza a reflejar la inestabilidad de una guerra que ya no solo se libra en el terreno de las sanciones económicas, sino en el corazón mismo de la infraestructura estratégica iraní.







