Un ensayo clínico publicado en la prestigiosa revista científica Nutrients y realizado en Italia confirmó que el consumo diario de tomate ayuda a reducir de forma significativa la acumulación de grasa en el hígado en pacientes con MASLD. El trabajo evaluó a 79 adultos durante seis semanas mediante la técnica no invasiva FibroScan. Aunque los expertos aclaran que no se trata de una cura mágica, destacan su potencial antioxidante y su fácil incorporación a la dieta habitual.
Un alimento clásico, económico y omnipresente en la mesa de los argentinos quedó en el centro de los descubrimientos de la medicina nutricional. Una investigación publicada en la revista científica Nutrients demostró que el consumo regular de tomate mostró un efecto marcadamente Favorable para reducir la acumulación de grasa en personas diagnosticadas con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés).
El ensayo clínico siguió durante seis semanas a 79 participantes divididos en dos grupos. El primer grupo incorporó diariamente a su esquema alimentario 200 gramos de tomate crudo y 50 gramos de salsa de tomate, mientras que el segundo grupo mantuvo una dieta saludable similar pero sin consumir este fruto. Al evaluar los parámetros mediante la tecnología FibroScan, el grupo que consumió tomate registró una disminución del indicador de grasa hepática (CAP) de 35 dB/m, frente a los 18 dB/m del grupo de control, marcando una diferencia estadísticamente contundente.
El poder del licopeno, formas de consumo y las advertencias de los especialistas
La hipótesis principal de los científicos apunta al licopeno, el pigmento carotenoide responsable del color rojo característico del tomate, ampliamente reconocido por sus propiedades antioxidantes y su capacidad para combatir el estrés oxidativo e inflamatorio en las células. Un dato práctico clave revelado por los especialistas es que el organismo absorbe y aprovecha mejor el licopeno cuando el tomate es sometido a cocción o procesado térmico, por lo que combinar ensaladas frescas con salsas caseras o preparadas al fuego resulta una estrategia ideal.
Sin embargo, los médicos e investigadores fueron categóricos al aclarar que el tomate no cura por sí solo la enfermedad hepática ni reemplaza los tratamientos ni los hábitos saludables sostenidos. Si bien la reducción de grasa en el órgano fue sustancial, el estudio no registró variaciones significativas en el peso corporal, colesterol, glucosa o rigidez del tejido hepático durante las seis semanas de prueba. Por ello, concluyen que el tomate es un gran aliado natural para sumar a la dieta, pero siempre en el marco de la actividad física regular y el control médico correspondiente.








