Un contundente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) encendió las máximas alarmas internacionales al advertir que el calentamiento global superará el umbral de los 1,5 °C respecto de la era preindustrial durante los próximos años. El documento, titulado Limiting Overshoot, considera que sobrepasar esa barrera es ya un hecho prácticamente inevitable bajo las políticas energéticas y emisiones actuales. Incluso dentro de la proyección más favorable, la temperatura media de la Tierra alcanzaría un pico cercano a los 1,8 °C antes de lograr una baja, mientras que otros escenarios más severos prevén incrementos que rebasarían los 2 °C.
Los científicos recalcan que cada fracción de grado adicional que suba el termómetro global aumentará la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos, acelerará el retroceso de glaciares, provocará la subida del nivel del mar y multiplicará los riesgos sobre la producción de alimentos y la disponibilidad de agua dulce. Como antecedente inmediato, 2024 ya marcó el primer año calendario en romper temporalmente la barrera de 1,5 °C, y la Organización Meteorológica Mundial proyecta un 91% de probabilidades de que al menos un año entre 2026 y 2030 vuelva a perforar ese techo térmico.
Frente a esta realidad, el secretario general de la ONU, António Guterres, subrayó que superar transitoriamente el límite no debe paralizar la acción climática. La estrategia global propuesta consiste en lograr un «sobrepaso, pico y descenso», buscando que el período por encima de 1,5 °C sea lo más breve y moderado posible. Para alcanzarlo, los Estados deberán cortar drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero y metano, acelerar la transición hacia matrices renovables y desplegar técnicas masivas de absorción y secuestro de carbono.







